Los Fronterizos, William Wordsworth

[The Borderers]. Tragedia en cinco actos y en verso de William Wordsworth (1770-1850), compuesta en 1795-96 y no publicada hasta 1842. La acción tiene lugar en tiempo de Enrique III. El noble Marmaduke, jefe de una banda de habitantes del Border (frontera entre Es­cocia e Inglaterra) que ha reunido para proteger a los oprimidos, es instigado por el pérfido Oswald a dar muerte al viejo y ciego barón Heriberto, a cuya hija Idónea ama. Le hacen creer que el padre tiene in­tención de prostituirla. Es una obra de ju­ventud, embebida de preocupaciones socia­les y de turbulento romanticismo pesimista, de tipo alemán. Solamente unos pocos ver­sos dejan entrever la grandeza futura del poeta.

M. Praz

Fromont y Risler, Alphonse Daudet

[Fromont jeune et Risler aîné]. Novela de Alphonse Daudet (1840-1897), publicada en 1874. Sidonia Chébe es una niña pobre que se pasa los días mirando don curiosidad y envidia todo cuanto sucede en el jardín del industrial Fromont, y poco a poco, superando tenaz­mente dificultades y humillaciones, consigue orientar hacia él toda su vida. Es aco­gida como compañera de juegos de su hija Clara, gracias a que conoce a Risler, un buen suizo ingenuo, empleado y después socio de Fromont; más tarde se imagina haber conquistado con su belleza y coque­tería a Jorge Fromont. El matrimonio de éste con su prima Clara la hunde en deses­peración; pero por vías indirectas consigue por fin realizar su ensueño: se casa con el buen Risler, el cual, deslumbrado por una mujer tan joven y bella, la adora a ojos cerrados; después se hace amante de Jorge, y le arruina con sus locuras. La quiebra inminente abre los ojos a Risler, que halla fuerzas para dominar su dolor y dedicarse únicamente a salvar el establecimiento de que forma parte, y reparar las ofensas de su mujer a la buena y virtuosa Clara, por quien siente particular veneración. Lo con­sigue, pero ya está herido de muerte. Y a la muerte se entrega, como a una libera­dora, después de sus últimas desgracias, cuando ve a su mujer pisar los escenarios de los cafés-concierto, y cuando con una pérfida maniobra le hace creer que también Franz — el hermano que él ha cuidado co­mo un hijo — le ha engañado con la adúl­tera.

En torno a los personajes principales y a su drama, se agita con la promiscuidad de los grandes edificios populares, todo un mundo de pobre gente, fracasados como el mísero Delobelle, haraganes, egoístas man­tenidos por el trabajo de las mujeres, pe­queñas víctimas de sus propios ensueños como la dulce cojita Desiderata, que mue­re por Franz, todos descritos con finura de análisis y mirados con el amor y la com­prensión hacia las vidas humildes que le venía a Daudet como herencia de su ju­ventud indigente. [Trad. de Cecilio Nava­rro con el título La razón social Fromont y Risler (Barcelona, 1883), reimpresa en 1925; y de Francisco Caries con el título de Fromont y Risler (Barcelona, 1895), que hemos adoptado].

E. C. Valla

Frou-Frou, Henri Meilhac

Comedia en cinco actos de Henri Meilhac (1831-1897) y Ludovic Halévy (1834-1908), estrenada en París el 30 de octubre de 1869. El rico burgués Brigard es padre de dos hijas: Luisa y Gilberta. La primera es culta, recatada, nacida para la casa y la familia; la segunda es despreocu­pada, expansiva, amante del lujo y de las fiestas: de aquí su sobrenombre de Frou-Frou (v.). De ella se enamoran el conde de Valréas y el señor de Sartorys, excelentes partidos. Las dotes de seriedad y rectitud de Sartorys y sus perspectivas de una exce­lente carrera diplomática le dan mayores posibilidades que a Valréas, excelente jo­ven pero con fama de mujeriego, y Gilberta lo acepta, como podría aceptar a cual­quier otro partido, y continúa su vida entre recepciones, funciones y paseos. Cuida de la casa Luisa, que amaba y todavía ama en secreto a Sartorys. Libre de todo cui­dado doméstico y adorada por su marido, que no hace nada para que su mujer sea verdaderamente la señora de la familia, Gilberta acaba por corresponder al amor de Valréas y huye con él a Venecia.

Alcanza­dos por Sartorys, éste provoca a duelo al amante y lo mata. La terrible experiencia transforma a Gilberta, que se dedica a obras piadosas; pero su salud falla y regresa a París para volver a ver a su hijo antes de su fin. Así muere, rodeada de los suyos, consolada por el perdón de su marido, des­pués de haber expresado el íntimo lamento de su corazón: fue demasiado amada, pero escasamente comprendida. La comedia quie­re presentar un tipo de mujer ligera, pero honrada, a la que el amor, y una íntima, silenciosa y progresiva rebeldía, liberan, a través del dolor, de la pura frivolidad. Por la afinidad de sus situaciones recuerda la Casa de muñecas (v.) de Ibsen, pero esta comparación muestra la escasa profundidad de la obra francesa, convencionalmente ro­mántica, aun cuando el cuidado de los de­talles, la riqueza de las observaciones, la maestría en el corte de las escenas y la noble gracia del estilo le conservan su vi­talidad.

G. Falco

Fray Serafico, Adolf Pichler

[Fra’ Serafico]. Poema épico de Adolf Pichler (1819-1900), que apa­reció por primera vez en la «Wiener Abendpost» de 1877, y en un volumen el año si­guiente. El poeta narra cómo una vez, en las montañas de Pistoia, donde se encon­traba con objeto de hacer unos estudios geológicos, conoció a un ermitaño que le invitó a visitar su cabaña. Permaneció tres días en calidad de huésped del monje, que le maravillaba más de día en día por su gran cultura y su bondad. El ermitaño no sólo conocía los secretos más recónditos de la geología, sino que sabía orientarse de una manera excelente en la literatura, y con frecuencia era llamado por los campe­sinos para que les curase sus enfermedades. El poeta no había sabido resistir la cu­riosidad y había querido saber la historia del extraño ermitaño, quien había consen­tido en explicársela. Era hijo de un cien­tífico de Pisa, y en su juventud había es­tudiado Letras y, más tarde, Medicina. Por voluntad de María, su prometida, se había enrolado en los ejércitos de voluntarios de la guerra del «Risorgimento», y al volver se encontró con que María había muerto, a causa de una infección contraída curando a los enfermos de los hospitales. Presa de la desesperación, se retiró a la zona más salvaje de la Maremma, entregándose por completo a la pobre gente damnificada por la guerra, vistiendo finalmente los hábitos y siendo ordenado sacerdote. Ahora su vida pertenecía a la memoria de María y a los pobres que pedían auxilio.

El poeta, con­movido por la narración, descubrió que él había combatido contra Fray Seráfico en las filas austríacas. El poema tuvo gran éxito, por lo que Pichler decidió hacer una segunda parte, bastante floja y casi inútil. En ella continúa la historia de la primera parte, haciéndonos asistir a la edificante muerte del ermitaño, y narrando después la vida del sucesor de éste, también médico, convertido también en monje por una des­ilusión amorosa, con una mujer coqueta e indigna. A causa de ello durante muchos años había odiado a los hombres, pero las enseñanzas del ermitaño le habían llevado a amar a sus semejantes, y ahora, igual que Fray Seráfico, se ha entregado a hacer el bien a todos, incluso a aquellos que le ha­cen daño. Este poema está actualmente casi olvidado. Su interés es, más que nada, his­tórico, en cuanto constituye el correspon­diente austríaco del «San Ambrosio» (v. Poesías) de Giusti: la capacidad de comprensión humana aun frente al enemigo. Pichler, tirolés, profesor en Innsbruck, na­cionalista, sintió, a pesar de ello, profunda simpatía por la cultura italiana. El numen inspirador del epos de Pichler, repetidas veces invocado, es Dante, de la misma ma­nera que Dante invoca a Virgilio en la Di­vina Comedia (v.).

G. Guerrieri

Fresca Rosa Nueva, Guido Cavalcanti

[Fresca rosa novella]. Balada de Guido Cavalcanti (1260?- 1301). Es una alegre exaltación de la mujer amada, cantada por el poeta con el nombre de Primavera y que por la primavera saca color y cualidad: en el estribillo y en las tres estrofas, todas de versos heptasílabos, excepto el último, que es endecasílabo y queda dividido por la rima interna, se de­rrama, con gran fluidez y con una simpli­cidad de carácter casi popular, la alegría del corazón amante que todo lo experimen­ta partícipe de la propia pasión. Faltan aquí los acentos dramáticos de otras poesías de Cavalcanti (v. Rimas); más próxima a los modelos provenzales y sicilianos, conserva, en su facilidad, algo de juvenil y de ácido, y es poéticamente inferior a aquellas com­posiciones en las que se expresa el com­plejo sentimiento de Guido y que culminan en la obra maestra, la balada Porque yo no espero (v.).

M. Fubini