William Saroyan

(Fresno, California, 1908-81) escritor estadounidense. De origen armenio, creció en un orfeli­nato y vivió luego en la calle como vendedor callejero y repartidor de telegramas; dio voz en los años de la de­presión a la América de los desheredados y de los inmi­grantes, tierra de encuentro entre la memoria y el sueño, en una serie de cuentos que parecían violar o ignorar toda regla. El gran éxito que consiguió, tanto en los Estados Unidos como en Europa, su primer libro El temerario jo­ven sobre el trapecio volante (The daring young man on the flying trapeze, 1934) se debió, en igual medida, a la anomalía de la escritura narrativa de S., que transfería  milagrosamente a la lengua de la nueva tierra la impronta fantástica de la antigua, y a la fuerza compensator de sus invenciones.

En las obras siguientes —las novela* La comedia humana (The human comedy, 1942) y Mamá, te quiero (Mama, I love you, 1957); los textos te»* 1 trales El tiempo de tu vida (The time of your life, 1939), 1 Mi corazón está en las montañas (My heart’s in the high- 1 lands, 1939), Gente guapa (Beautiful people, 1941)— el milagro tiende a transformarse en optimismo programá* i tico; los personajes, de cándidos e imprevisibles se vuel- I ven gradualmente improbables y sentimentales.

Tras loi ! cuentos de perfecta seguridad estilística recopilados en MI nombre es Aram (My ñame is Aram, 1940), la obra de S. padece un duro replanteamiento crítico que los libros 1 autobiográficos, a partir de En bicicleta a Beverly Hills I (The bycicle rider in Beverly Hills, 1952), no modifican. Releído hoy, a la luz de la contribución de los diversos i grupos étnicos en la definición de la literatura americana contemporánea, el S. de los primeros cuentos revela intacta la fuerza de su impacto.

Domingo Faustino Sarmiento

(San Juan 1811 – Asun­ción del Paraguay 1888) político y escritor argentino. De formación autodidacta, desde joven manifestó su voca­ción por la enseñanza y el periodismo. A los dieciocho años publicó un periódico en su ciudad natal. Sus artí­culos periodísticos, en los que criticaba al cacique pro­vincial, fueron la causa de su exilio en Chile (1829). En ese país desempeñó diferentes trabajos, entre ellos los de minero y maestro. Regresó a su país y nuevamente fue perseguido por sus críticas a la política rosista, razón por la que tuvo que volver a exiliarse en Chile. Allí organizó la escuela Normal (1842) y alternó su trabajo docente con las colaboraciones periodísticas en «El mercurio» de Val­paraíso y en «El progreso» de Santiago de Chile, desde cuyas páginas intervino en la polémica lingüística y lite­raria, sobre la independencia idiomàtica y sobre el ro­manticismo. En 1845 publicó Facundo, Civilización y barbarie, ensayo sociológico y crónica histórica que ob­tuvo una favorable acogida, como lo demuestran sus edi­ciones casi simultáneas y las traducciones al inglés y al francés. Durante su estancia en Estados Unidos entró en contacto con el pedagogo H. Mann, y durante un viaje a Europa (1848) conoció entre otros a Balzac y a George Sand, los recuerdos de estos viajes los recogió posterior­mente en su libro titulado Viajes, publicado en 1849. A su regreso a Chile tuvo que hacer frente a las acusa­ciones lanzadas contra él por los rosistas argentinos. En 1850 publicó Mi defensa y Recuerdos de provincia, obra con la que alcanzó su máximo vigor literario y que pue­de considerarse como una de las primeras grandes mues­tras de la narrativa argentina. Posteriormente acompa­ñó, como corresponsal, a las tropas del Ejército grande que derrotaron a Rosas en 1852; a raíz de esta campaña escribió Campaña del ejército grande de Sud América (1852). No conforme con la política de Urquiza, regresó a Chile de donde no regresaría hasta 1855, fecha en la que se estableció en Buenos Aires, siendo gobernador y ministro del gobierno principal. En t£60 fue nombrado gobernador de su provincia natal y ministro de estado. Durante el gobierno de Mitre ocupó el puesto de minis­tro plenipotenciario en Washington. En 1868 regresó a Argentina como presidente de la república, cargo que ocupó hasta 1874, y en cuyo ejercicio sobresalió el im­pulso dado a la educación. Tras su mandato fue senador y elaboró distintas leyes educativas y de reforma social. Entre sus libros periodísticos cabe destacar los titulados: Educación popular y Condición del extranjero. Su últi­ma novela fue la titulada La vida de Dominguito (1885) dedicada a su hijastro Domingo Fidel Sarmiento, muer­to durante la guerra de Paraguay. S. fue un pedagogo, periodista y sociólogo antes que un novelista, que supo plasmar en sus obras el telurismo de los personajes y la voluntad de testimonio que caracterizaría toda la produc­ción americanista posterior, desde Azuela a Alegría y des­de Rivera a Güiraldes.

Severo Sarduy

Sarduy Severo (Camagüey 1937) escritor cubano. Narrador, poeta y crítico. En 1960, gracias a una beca, pudo ir a París para ampliar sus estudios de crítico de arte. Fue colaborador de la revista «Tel Quel» y de la te­levisión francesa. No ha regresado nunca a Cuba por sus discrepancias con el régimen de Fidel Castro. Puede con­siderarse como un seguidor de la narrativa de J. Lezama Lima; es un escritor neobarroco, por el experimentalis- mo lingüístico que caracteriza sus obras. En 1963 publi­có Gestos, y en 1972 Cobra, novela con la que alcanzó fama internacional. Entre sus obras de ensayo destaca Barroco (1976), polémica y estimulante.

Victorien Sardou

(París 1831 – Marly, Valenciennes, 1908) dramaturgo francés. De familia pequeño-burgue- sa, tras una adolescencia difícil comenzó estudios de me­dicina que pronto interrumpió para dedicarse al teatro.

Escribió numerosas comedias, consiguiendo sólo la re­presentación de La taberna de los estudiantes (La taver­ne des étudiants, 1854), que, por otra parte, resultó un fracaso. Introducido en el ambiente teatral parisino a tra­vés de su matrimonio con la actriz Lamentine de Bré­court (1855), consiguió consolidarse con Las primeras ar­mas de Figaro (Les premières armes de Figaro, 1859), ma­gistralmente interpretada por la célebre Virginie Déjazet.

Pero fue con Las patas de mosca (Les pattes de mouche, 1860), dentro del género de la comédie-vaudeville lanza­da por E. Scribe hacia 1825, que S. demostró ser autor de talento, capaz de conquistar los gustos eclécticos de las plateas.

En la producción posterior desarrolló la sá­tira política, apuntando su ironía sobre la figura de L. Gambetta en Rogabas (1872) y atacando violentamen­te a los revolucionarios de la Comuna en El odio (La hai­ne, 1874). Elegido miembro de la Académie Française en 1877, acogido con todos los honores en la corte de Na­poleón III, cultivó luego el género del drama histórico: Fedora (1882), Tosca (1887), Cleopatra (Cléopâtre, 1890), Termidor (Thermidor, 1891), Madame Sans-Gêne (1893), El asunto de los venenos (L’affaire des poisons, 1907).

Señor indiscutible de la escena parisina desde 1860 hasta su muerte, S. fue un consumado manipulador del lenguaje y de las técnicas teatrales: habilísimo en la cons­trucción de las historias y atento a las características psi­cológicas de los personajes, dio con su teatro una sínte­sis significativa del gusto del público francés en los últi­mos decenios del siglo. El extraordinario éxito de sus obras, que, entre otros, inspiraron a G. Puccini (Tosca) y a U. Giordano (Fedora), se debió también a las presti­giosas interpretaciones de Sarah Bernhardt.

Joan Sardá

(Saint Quinti de Mediona 1851 • Barcelona 1898) crítico y poeta español en lengua catalana. Ejerció toda su vida la abogacía, que simultaneó con las traduc­ciones (Horacio, Marcial, Hugo, Leopardi), la poesía y, sobre todo, la crítica literaria. Su inicial idealismo crítico deriva, aunque sin desaparecer nunca completamente, en una progresiva adhesión al positivismo y el realismo, que no le impedirá aceptar, en su etapa final, algunas de las reacciones espiritualistas, como la del simbolismo mae- terlinkiano. Su obra está recogida, en su mayor parte, en los tres volúmenes de las Obres escollides/Obras escogi­das (1914).