Maciej Sarbiewski

(Sarbiewo, Ptock, 1595 – Varsovia 1640) poeta polaco. Jesuíta, fue llamado el «Horacio sár- mata» por la habilidad con la que supo reproducir la complicada prosodia ¿leí poeta latino. Sus versos latinos de entonación cristiana, reunidos en el Lyricorum libris tres. Epigrammatum liber unus (1625) tuvieron más de 60 ediciones. A él se debe la introducción del gusto parro­co en Polonia.

Jean Françoise Sarasin

(Caen 1614 – Pézenas, Hérault, 16S4) poeta e historiador francés. Frecuentó el salón de madame de Rambouillet y escribió versos en el estilo del -* preciosismo, entonces de moda. Sus obras poéticas, muy leídas y admiradas, circularon mucho tiempo ma­nuscritas, y no fueron publicadas hasta después de la muerte del autor (1656). S. demostró notables dotes de hiitoriador en la Conspiración de Wallenstein (Conspi­ration de Wallenstein, 1654) y en la Historia del asedio de Dunkerque (Histoire du siége de Dunkerque, 1649), obras meritorias también por la concisión y la pureza del estilo.

 

 

Julián Sanz del Río

(Torre Arévalo, Soria, 1814 – Madrid 1881) filósofo español.

Estudió en las universi­dades de Granada y Madrid, y en 1843 fue pensionado por el gobierno para ampliar sus estudios. El contacto en Bruselas con Ahrens y, en Heidelberg, con Roeder y Leonhardi, le dio a conocer el pensamiento de Krause, de cuyas doctrinas fue difusor en España a través de la cátedra y de obras como Lecciones sobre el sistema de fi­losofía analítica (1850) o Ideal de la humanidad (1860), adaptación libre de Krause. Catedrático de filosofía de la universidad de Madrid y decano de su facultad tras la revolución del 68, formó a su alrededor un grupo de dis­cípulos que marcan la historia del pensamiento español en la segunda mitad del siglo XIX. Otras obras: Sistema de filosofía (1860 y 1874), Análisis del pensamiento ra­cional (1877) y Filosofía de la muerte (1877). sapiencial, literatura literatura de inspiración gnó­mica y didáctica del próximo Oriente antiguo. Presenta una sustancial homogeneidad, tanto en la forma, que es siempre poética, como en los contenidos: es en realidad expresión de las experiencias morales de la clase culta, que estaba en relación directa con el poder político, y por tanto, tendencialmente conservadora. La más significati­va de las l.s. es la egipcia, que se vale especialmente del género literario de la «enseñanza» dirigida por un padre a un hijo: desde el III milenio a.C. hasta la época hele­nística, cabe recordar las Enseñanzas de Ptahhotep, el destinado a Merikara, el de Amenemhet /, los de Any, el de Amenemope, el del papiro Insinger, y además los dos poemas profundamente pesimistas, Diálogo de un de­sesperado con su alma y (finales del III milenio a.C.), El canto del arpista. Mayor variedad de géneros literarios y de motivos presenta la l.s. mesopotámica. Existen colec­ciones de proverbios y de máximas en sumerio (m mile­nio a.C.), acádico y arameo (I milenio a.C.: Proverbios de Ahiqar); en sumerio existe también una recopilación de fábulas. Es poco frecuente, por el contrario, el géne­ro de las «enseñanzas»: el sumerio Enseñanzas de Shu- ruppak, traducido también en acádico; los babilónicos Consejos de cordura para el buen comportamiento; y los Consejos a un príncipe (comienzos del I milenio a.C.) con exhortaciones al buen gobierno. Extendido estaba el gé­nero de la «recuesta», bajo forma de diálogo; en sume­rio se tienen recuestas entre verano e invierno, entre aza­da y arado, pájaro y pez, etc.; en acádico entre tamaris* co y palma, buey y caballo, etc. El tema del dolor, ya afrontado en época de los súmenos, fue retomado en época babilónica con el Poema del justo que sufre. En­tonación sapiencial posee también la redacción babilóni­ca del poema de -* Gilgamesh, que afronta el problema de la muerte y del valor de la vida. Última en orden de tiempo, la l.s. hebraica remite a modelos egipcios y me- sopotámicos, aun cuando acentuando el momento reli­gioso del «temor de Dios». Sobre el género de las «ense­ñanzas» egipcias están construidas las máximas del libro de los -* Proverbios y del -* Eclesiástico; la problemá­tica babilónica del dolor y de la caducidad de la vida rea­parece tanto en -* Job como en el Eclesiastés. El contac­to de la tradición hebraica con la cultura griega, en Ale­jandría, produjo dos obras, en griego: la -* Sabiduría y el apócrifo IVLibro de los Macabeos (sig. I d.C.), opús­culo con pretensiones filosóficas.

 

Luigi Santucci

(Milán 1918) escritor italiano. Se dio a conocer en 1942 con el ensayo Límites y razones de la li­teratura infantil (Limiti e ragioni della letteratura infan- tile). En 1946 publicó Misterios gozosos (Misteri gaudio- si, casi una declaración de poética) al que siguieron la no­vela En Australia con mi abuelo (In Australia con mió nonno, 1947) y los cuentos El tío cura (Lo zio prete, 1951): obras en las que se afuma su religiosidad serena y llena de un vivo humor. Su obra más conocida es la no­vela

El velocífero (II velocifero, 1865), historia de am­biente milanés que hace revivir figuras, objetos e interio­res domésticos de fines del sig. XIX y principios del XX. Es interesante, después de Orfeo en el paraíso (Orfeo in paradiso, 1967), AJo disparéis sobre los narcisos (Non sparate sui narcisi, 1971), Como si (Come se, 1973), so­bre todo La mandrágora (II Mandragolo, 1979) en la que la angustia de la muerte es exorcizada en clave fantásti- co-grotesca y la combinación de substrato dialectal y len­gua culta alcanza eficaces resultados estilísticos.

En 1985 publicó El almanaque de Adán (L’almanacco di Adamo). Sanz Eulogio Florentino (Arévalo, Ávila, 1822 – Ma­drid 1881) escritor español. Tuvo un gran éxito con su drama romántico Don Francisco de Quevedo (1848), pero el fracaso de Achaques de la vejez (1854) le decidió a no escribir más teatro. Colaborador del «Semanario pinto­resco español», es autor de diversas obras poéticas en las que funde lo popular con lo germánico. Su obra más co­nocida es «Epístola a Pedro», escrita en Berlín, donde residió como diplomático entre 1854 y 1856. Traductor de poesía alemana, tienen especial importancia los 15 «lieder» de Heine publicados en «El Museo Universal» en 1857

Francisco Santos

(Madrid 1623-98) escritor español. Fue soldado en la guardia real en tiempos de Felipe IV y Carlos II. Fecundo novelista cuyas obras ocupan 16 vols., representa la decadencia total de la novela picares­ca en mero costumbrismo, y debe estilísticamente más a Gracián que a Quevedo. Entre sus obras podemos seña­lar Periquillo el de las gallineras (1668), Día y noche de Madrid (1663), utilizada por Le Sage en su Diable Boi- teux, y El no importa de España (1667). Sus obras fue­ron recogidas en Obras en prosa y verso (1723).