[Estampes]. Tres piezas para piano («Pagodes», «Soirée dans Grenade», «Jardins sous la pluie») compuestas en 1903 y estrenadas en 1904. La técnica debussiana que hasta ese momento se remontaba a los clavicordistas de los siglos XVII y XVIII, asume, a partir de las Estampas, esa originalidad y novedad de escritura que se extiende, por regla general, a lo largo de todo el teclado del piano, explotando toda posible resonancia, ayudada en ello por un empleo amplio del pedal, que prolonga y funde las sonoridades.
La génesis de esta escritura se remonta a Liszt. Sin embargo, queda por aclarar la influencia de la famosa composición Juegos de agua (v.) de Kavel, compuesto en 1901, que, en el conjunto de su concepción pianística, anticipa lo que, en 1903, empezaba a realizar Debussy. La música dé los indígenas de Java y del Cambodge, que todo el mundo podía escuchar en la Exposición de París de 1899 y 1900, impresionaron tan vivamente a Debussy que le indujeron a introducir en su propia música algunos de sus rasgos característicos, como, por ejemplo, la indeterminación tonal y el empleo de ciertas escalas típicamente orientales, especialmente la escala pentafónica china. «Pagode» reúne evidentes elementos referibles a estas músicas: melodías inscritas en el ámbito de la escala china desprovista de semitonos, resonar de «quintas», repeticiones insistentes de una figura melódica, sucesiones de «cuartas» y de «quintas» (las mismas que dos decenios más tarde llegaron por segunda vez a Europa con el «jazz», cultivado en América).
Página de un valor artístico excepcional es «Soirée dans Grenade», donde la evocación de la noche mediterránea llena de efluvios lánguidos y embriagadores, femeninamente voluptuosa, llevando en sus tinieblas azules cantos de mujeres y acordes de guitarras, es de una intensa belleza. Indudablemente es una de las más extraordinarias piezas para piano de Debussy. Obsérvese cuánta plenitud de expresión y qué suavidad de armonías se concentran en esta frase: «Jardins sous la pluie», en cambio, pertenece todavía a esa técnica del piano que cabe derivar de los clavicembalistas franceses, italianos y alemanes, por su movimiento uniforme de arpegios de extensión limitada y divididos entre las dos manos; movimiento que solamente se rompe hacia el final en vuelos más extensos que ocupan zonas más amplias del teclado. Con su martilleo uniforme, brota de esta perfecta página pianística una emoción purísima, una sutil y punzante melancolía que no deja de recordar, en el espíritu y en ciertas particularidades de escritura, una ya lejana composición para canto y piano «Il pleure dans mon coeur» de 1888 (v. Aires olvidados). A. Mantelli
Debussy ocupa un lugar de excepción entre los músicos de hoy. Los críticos y el público, con su obsesión de clasificaciones, siempre que se encuentran frente a una nueva manifestación de este genio extraño y delicado, no saben precisamente qué pensar, y lo dejan ver… Toda obra de Debussy es una nueva sorpresa. (Dukas)

