Protagonista de varias poesías y dramas húngaros, no es una figura meramente legendaria, sino muy probablemente un personaje histórico, que debió de vivir en el siglo XIV, en tiempos del rey Luis de Anjou.
Debe su popularidad principalmente a la trilogía Toldi (v.) de János Arany (1817-1882) que le erige en símbolo del carácter húngaro. El joven Toldi es un sencillo campesino, pese a su noble origen, porque su hermano mayor, que vive en la corte del rey, no le permite que abandone su aldea. Sin embargo, una oscura conciencia de su dignidad le hace rehuir la compañía de los sirvientes y su susceptibilidad se siente grandemente herida cada vez que le toman por un aldeano. Es muy afectuoso para con su madre, pero está sujeto a repentinos ataques de cólera, y este defecto le arrastrará a cometer toda clase de violencias. Al mismo tiempo, Toldi tiene un buen corazón y es instintivamente caballeroso, defensor de los débiles y oprimidos; pero, aunque piense largamente en las mujeres y adore a su madre, está muy lejos de ser el clásico enamorado que se derrite en suspiros.
Hay en él algo de los sentimientos de sus antepasados orientales, para quienes el amor sentimental no existía. Ayuda a un amigo a conquistar el corazón de Piroska (v.), la muchacha que le había sido destinada, y cuando se da cuenta del amor de ésta, es demasiado tarde. En su vejez conserva su carácter caballeresco: es indulgente ante las debilidades, pero no vacila en declarar netamente la verdad incluso al rey; sus antiguas iras siguen asaltándole de vez en cuando. Enemigo de los tiempos nuevos y de los refinamientos de la civilización italiana que priva en la corte del rey Luis, es el último representante de la fuerza personal. Las leyendas que se formaron alrededor de su figura fueron recogidas por primera vez por Péter Ilosvay Selymes (siglo XVI), en una recopilación poética titulada Nicolás Toldi (1574).
En ella nada se dice de los amores de Toldi, que constituyen en cambio el tema de la segunda parte de la trilogía de Arany; y faltan también los rasgos simpáticos, característicos de aquel héroe nacional. Sólo se subraya su fuerza física, y Toldi es pintado como un hombre impetuoso y beodo. Entre los distintos rasgos de su figura, recientes investigaciones han identificado alusiones a ciertas hazañas de Tristán (v.), y huellas de un relato de Boccaccio. La historia de Toldi circuló entre el pueblo, incluso bajo la forma de coplas ilustradas. En el siglo XIX la trató por primera vez Károly Kisfaludy (1788- 1830) en su Pluma de águila [A sastoll] y luego Mihály Vorosmarty (1800-1855) en los breves relatos poéticos El viejo guerrero [As ósz bajnok] y Toldi. Ede Szigligeti (1814-1878), en su comedia La rosa (1840), nos presenta a Toldi en la edad madura, y es indudable que de esta obra tomó Arany la idea del duelo en el que Toldi toma parte disfrazado, según se narra en el Amor de Toldi. Pero como ya hemos dicho, son generalmente las obras de este último autor las que sirven de base a la imagen que de Toldi tiene el público húngaro.
M. Benedek

