[Sinon]. Personaje de la Eneida (v.). Aunque Virgilio no lo presenta directamente, desempeña un papel importante en la destrucción de Troya según la narra Eneas (v.) a Dido (v.) en el libro III.
Ignorado por Homero, Sinón aparecía sin duda en la epopeya de los epígonos (Pequeña Ilíada) y era también el protagonista de una tragedia, hoy perdida, de Sófocles. En el relato de Eneas, los griegos, al no poder conquistar Troya por la fuerza, »recurren a la conocida estratagema del monstruoso caballo de madera en el que se encierran algunos de sus guerreros; Sinón se deja capturar, y acogido como suplicante por la piedad de los troyanos, relata que los griegos, habiendo perdido toda esperanza, han decidido abandonar Troya y que precisamente él, Sinón, a consecuencia de las maquinaciones de Ulises (v.), había sido destinado al sacrificio para obtener de los dioses el feliz regreso de la flota (a modo de paralelo al sacrificio de Ifigenia, v.); también les advierte que el caballo, consagrado a Atena como don expiatorio, es una prenda de futuras victorias si los troyanos lo introducen en su ciudad: el lamentable fin sobrenatural de Laocoonte, que había arrojado una flecha contra aquel caballo, hace que se preste aún más crédito a las palabras de Sinón, y finalmente el ingenio fatal es acogido en el interior de las murallas, señalando la ruina de la ciudad.
En efecto, aquella misma noche, el propio Sinón abre el caballo y da salida a los guerreros griegos. En Virgilio, ese personaje, que naturalmente está retratado desde el punto de vista troyano, es un traidor y un perjuro («periurus» se le llama en el verso 195), símbolo de la perfidia griega: por boca del troyano Eneas habla a la vez el romano Virgilio, que con su arte subraya los rasgos más insidiosos del discurso de Sinón. Más tarde, en el siglo IV, un poeta griego, Quinto de Esmirna, en su Posthomérica, en cierto modo polemizando con Virgilio, representa a Sinón como el héroe que, torturado por los troyanos, se sacrifica por los suyos. Otro poeta algo posterior, Trifiodoro, narra también, en su Toma de Troya, el episodio de Sinón, imaginando que éste se presenta a Príamo como suplicante, abandonado por los griegos en tierra enemiga por no haberse sumado a su poco glorioso proyecto de huida.
Su figura fue bien conocida de la Edad Media y aparece, por ejemplo, en un poema rítmico latino del siglo X; Dante, que sigue naturalmente a Virgilio, coloca a Sinón en el infierno entre los fraudulentos que faltaron a su palabra, le presenta atormentado por una «fiebre aguda», y hace que Maestro Adán (que le apostrofa llamándole perjuro, según hiciera Virgilio) le eche en cara su traición para con los troyanos.
A. Ronconi

