Personaje de La Celestina o Tragicomedia de Calisto y Melibea (v.) de Fernando de Rojas (1475?-1541). Criado de Calisto (v.), como Sempronio (v.), Parmeno se inclina más al mal que al bien, a la bellaquería que a la honradez; su carácter es más complejo que el primitivo y grosero de Sempronio.
Al principio condena la aventura de Calisto y pone a éste en guardia contra sus peligros y contra Celestina (v.), la cual debe hacer grandes esfuerzos para conquistar su alianza: casi no menores que los que le cuesta la conquista de Melibea (v.). Pero Parmeno está enamorado, enamorado de alguien que por su belleza y por su hechizo puede compararse nada menos que con la propia Melibea, y Celestina tiene así ocasión de prodigar sus buenos oficios. La madre de Parmeno, por otra parte, había sido amiga de la vieja alcahueta, y ésta canta continuamente sus alabanzas.
Pero ello no impedirá que Parmeno se una a Sempronio en su intento de robar a Celestina una parte de la cadena que le regalara Calisto. La vieja intenta oponerse a las amenazas de los dos mancebos. Y cuando Sempronio la hiere, Parmeno le anima con sus gritos. Luego intenta huir, pero es capturado y juntamente con Sempronio es ajusticiado en la plaza mayor. En realidad, en el momento del suplicio está ya casi muerto a consecuencia del salto que desde una ventana ha dado para escapar. Sosia, uno de los criados fieles, lleva la noticia, muy agobiado, a Calisto. Pero la causa oprobiosa del delito («jugáronse a los dados la vestidura del justo») hace algo repugnante el final de Parmeno y de Sempronio.
Sin embargo, las palabras que Calisto les dedica no desdicen de su noble sensibilidad: «Eran valientes y atrevidos, y una vez u otra ello debía costar les el pellejo». Y con ello se corre un eterno velo sobre su oscura personalidad.
R. Richard

