Parolles

Personaje de Bien está lo que bien acaba (v.), comedia de William Shakespeare (1564-1616). Variante del tipo del soldado fanfarrón, que impresiona por sus baladronadas y sus alardes de ciencia y experiencia militar, así como por su uni­forme lleno de bandas y de flecos, como en un grabado grotesco de Callot, Parolles ilustra la máxima de que el hábito no hace el monje o, para decirlo más adecuada­mente, que el uniforme no hace el soldado.

Además de fanfarrón, es rufián, libertino y maldiciente, sin ninguno de los rasgos de profunda humanidad que hacen de Falstaff (v.) un bribón simpático. Ni siquiera es un canalla de cierta categoría, y si se le considera corruptor del joven conde Beltrán, hay que reconocer que le faltan los sutiles ardides de un Yago (v.). Su vileza no está rodeada de la fantasía suficiente para llegar a ser artística, excepto en la escena culminante para la que este perso­naje fue creado y gracias a la cual el drama logró vivir, siquiera por un mo­mento, en el teatro: la escena de la befa, en la que Parolles, capturado por personas que él considera enemigas mientras inten­taba fingir un acto de heroísmo, al verse amenazado de muerte, traiciona y ultraja a sus camaradas a condición de salvarse, con tal volubilidad y tal bajeza, que por un momento su figura alcanza rasgos casi grandiosos de repugnante torpeza, hasta que, cuando le quitan la venda de los ojos, descubre que sus confesiones fueron hechas ante los propios amigos a quienes traicionó.

Ni siquiera después de desenmascarado y aniquilado, Parolles se da por vencido: «A pesar de todo siento en mí cierta gratitud: si mi corazón fuera grande, reventaría de ella… Ya no seré capitán, pero quiero co­mer y beber y dormir más plácidamente de lo que jamás lo hiciera capitán alguno; viviré ni más ni menos como lo que soy. Quien se reconozca fanfarrón, tenga miedo enhorabuena; porque llegará el momento en que se descubrirá que todo fanfarrón no es más que un asno. ¡Enmohece, espada mía! ¡Enfriaos, rubores! ¡Y tú, Parolles, vive seguro en tu vergüenza! ¡Se burlaron de ti; prospera en medio de las burlas! Hay sitio y recursos para todos los hom­bres vivientes. Y yo sabré encontrarlos».

M. Praz