Por haber sido Marduk el dios nacional de Babilonia, puede comprenderse fácilmente que su figura aparezca a menudo en los escritos religiosos, sobre todo, de la antigua Mesopotamia. Como hijo de Ea (v.), divinidad del agua, de los conjuros y de la sabiduría, Marduk se manifiesta allí como dios lustrai. Por esta razón, en muchos exorcismos paleomesopotámicos existe una breve introducción, con un diágolo entre Ea y Marduk, en el que este último pide consejo a su padre acerca de los medios a emplear para alejar la enfermedad, esto es, los demonios que la causan. Ea le indica el mejor procedimiento.
En respuesta, Marduk ensalza las facultades catárticas de su padre. En el Enüma Elish (v.), que era uno de los poemas nacionales de Babilonia y Asiria, Marduk aparece, en cambio, bajo el aspecto de un gran héroe y adalid incomparable que salva a los dioses de la destrucción y les hace casi resurgir a una nueva vida. Elegido rey dé todos ellos, lucha con la terrible Tiámat, a la que derrota y descuartiza para formar con su cuerpo el cielo y la tierra. En recompensa de ello, los dioses le construyen un magnífico palacio y le consagran sus armas victoriosas en el cielo.
Es casi seguro que la figura de Marduk héroe es posterior a la exorcista, y que fue ideada y elaborada por el autor del Enüma Elísh, cuando quiso transferir a aquél, elevado a la categoría de dios nacional de Babilonia, las características más notables de la divinidad nacional sumeria Enlil (v.), o quizá del hijo de éste, Nimurta. Sea como fuere, Marduk aparece, en numerosos escritos en lengua acadia, bajo el aspecto de conjurador o bien de joven héroe. Hoy por hoy desconocemos qué relaciones pueden establecerse precisamente entre estas formas y la figura de Marduk, que muere y resucita, cual encontramos en ciertos textos litúrgicos o afines a este género de literatura religiosa.
G. Furlani

