Marfisa

Personaje de los poemas ca­ballerescos italianos. Aparece por vez pri­mera en el Orlando enamorado (v.), de Boyardo (1441-1494), quien, con esta figu­ra, renueva el tipo de la mujer guerrera, grato a la literatura novelesca de Italia, y que obedece sobre todo a los impulsos de su genio, enamorado, de lo rudo y pri­mitivo, y aficionado, por ello, a figuras de una sola pieza, de orgullo extraordinario y fabulosa bravura.

Marfisa es una de ellas, parecida a Gradasso (v.), a Rodomonte (v.) y a Mandricardo (v.), aun cuando distinta de ellas por su sexo, que hace más singu­lares y sorprendentes sus hazañas. No hay en ella nada de la gracia de la otra mu­jer guerrera, Brandiamante (v. Bradamante), ni alusión alguna a un amor; her­mosa, con una belleza audaz y singular, no piensa más que en combatir, y esto con el único objeto de manifestar su fuer­za. Por esta causa ataca a Albraccá, la fortaleza en que se halla encerrada An­gélica (v.), y, por lo mismo, una vez lle­vada a cabo aquella empresa, se propone «entablar guerra contra todo el mundo», en una serie de hazañas y aventuras que nos llevan a un clima fantástico, grato a Boyardo, y no por ello carente de una sabrosa y original comicidad.

A ello con­tribuye el carácter femenino de Marfisa, que únicamente se manifiesta, diríase, en su ira, en sus inesperadas explosiones de cólera y en la furibunda persecución del desdichado que la ha ofendido; singular­mente cómico es su encuentro con el tam­bién extraño personaje representado por Brunello (v.), el ladrón de inverosímil astucia que le roba nada menos que la espada y luego escapa milagrosamente a su persecución, la cual no acabará hasta el Orlando furioso (v.), donde se narra có­mo Marfisa capturó finalmente a Brunello, le perdonó y lo entregó como regalo a Agramante (v.).

Sin embargo, la Marfisa de esta obra no es ya igual en todo a la de Boyardo: Ariosto, como de costumbre, ha suavizado los matices y eliminado los elementos excesivamente fantásticos y có­micos para dar también a Marfisa, como a otros héroes suyos (v. Rinaldo, Astolfo, Rodomonte, etc.) una aureola de mayor dignidad y someterla a las leyes de su poema, que no permite a ningún perso­naje destacarse en demasía. Con todo, su Marfisa conserva netamente su propia in­dividualidad : una intolerancia que fácil­mente provoca disputas y duelos, y una castidad simbolizada por el Fénix que os­tenta sobre el yelmo; no se halla entre los sarracenos que sitian París, sino que aparece por vez primera en el camino de Damasco, adonde se dirige en busca de aventuras y en cuya ciudad se encuentra con Astólfo y Sansonetto; tras los compli­cados episodios del torneo de Damasco y la dramática lucha con las mujeres homicidas de Alejandreta, y con Grifone, Aquilante, Sansonetto y Guidone Selvaggio, embarca para Francia, siempre de­seosa de arrostrar gloriosas pruebas.

En­tonces se separa de sus compañeros, ya que, como caballero errante, prefiere vagar sola por el mundo. Su primera hazaña es el duelo con Zerbino (v.), que se había mofado de la fea y malvada Gabrina, pro­tegida por ella, y de la que, una vez de­rrotado, le obliga a hacerse caballero. Des­pués de varias aventuras, se presenta con Ruggiero (v.) a Agramante y en el cam­pamento de éste aparece primeramente co­mo espectadora y después como autora de las discordias que enfrentan entre sí a los adalides sarracenos. Su historia se comple­ta cuando, tras haber acudido Ruggiero a proteger a su Bradamante de las iras de Marfisa, ésta inicia con él un encar­nizado duelo, en cuyo momento el espíritu de Atlante (v.) le revela su identidad: es la hermana gemela de Ruggiero, raptada, cuando niña, por unos salteadores árabes, y por ello, como aquél, hija de unos cris­tianos víctimas de la perfidia del padre de Agramante.

Con su acostumbrada impetuosidad, Marfisa reprocha a Ruggiero su tardanza en pasarse al campo cristiano, y, antes que él, se presenta a Carlomagno (v.), declarándose presta a recibir el bau­tismo y a ponerse a su servicio. Así aca­ba la historia de la salvaje e intratable guerrera. Apéndice satírico de sus aventu­ras es la Marfisa bizzarra (v.) de Cario Gozzi, quien presenta a la heroína de Boyardo y Ariosto como una doncella his­térica, enfebrecida por la lectura de las novelas dieciochescas, encaprichada con un aventurero, Filinoro, y por él inducida a mil locuras, hasta que, desengañada y arre­pentida, se entrega a las prácticas reli­giosas, resultando, no menos que antes, una verdadera tortura para su cuñada Bra­damante.

M. Fübini