Es el destructor y el genio malvado o Diablo (v.) del Budismo; el gran enemigo de Buda y de su religión, tentador de los hombres y aun de aquél. Aparece con frecuencia en los textos búdicos, en los que figura como supremo señor y autor de todo mal, así como constante instigador al pecado.
Comúnmente, tales textos le representan en forma concreta y personal, aun cuando no es raro verle también concebido como principio difuso y extendido a todos los seres corpóreos. A veces, Māra asume el aspecto de Buda; y existe una conocida leyenda según la cual aquel habría intentado, valiéndose de este engaño, extraviar con falsas teorías a un honradu mercader, quien, no obstante, bien impuesto en la fe búdica, se dio cuenta de que tales doctrinas no podían ser sostenidas por Buda, e identificó a Māra.
A sus infinitas posibilidades agresivas se alude en la fábula de la tortuga y el chacal llegados sucesivamente a la orilla del río en busca de alimento: la primera, a la vista del otro animal, replegó sus miembros dentro de la concha y se zambulló en el agua; el chacal aguardó en vano a que la tortuga sacara fuera una de sus extremidades por lo menos, y, finalmente, hubo de renunciar a la codiciada presa. Asimismo, los seguidores de Buda deben mantener cerradas las puertas de los sentido», puesto que Māra se halla siempre al acecho. El Lalita- vistara (v.) narra, de forma altamente dramática, los ataques llevados a cabo por.
Māra cuando Buda se hallaba próximo a alcanzar el conocimiento. El maligno se arrojó con sus huestes contra aquél, sumido en la meditación, pero los troncos y pedruscos sobre él arrojados se transformaron en flores, al tiempo que una aureola luminosa rodeaba su cabeza. Sucesivamente, Māra le fue enviando a sus hijas, para que trataran de fascinarle y seducirle; sin embargo, todo fue en vano; al final, Māra resulta vencido, y Buda triunfa, Así como éste ha sabido encontrar la liberación de la muerte, Māra es el mismo genio de ésta, o sea el señor de aquel mundo material que, aborrecido por Buda, se halla totalmente bajo el imperio de la muerte.
M. Vallauri

