Son dos muchachas opuestas, que aparecen unidas como la luz y la sombra en el drama letón de su nombre, de Anna Brigadere (1861-1933), y representan las figuras preferidas de la literatura popular de Letonia.
El tipo de la huerfanita, cantado en las poesías del pueblo a causa de su doloroso destino de hijastra, que saca, dé sus duras pruebas y sufrimientos, la serenidad de su dulce carácter y la bondad sublimada por el perdón a los malvados, es lo más ético y absoluto que ha creado el pueblo letón en el campo de los valores espirituales, así como su más calurosa y lírica expresión poética; por esta causa, Maija, que lo representa en el drama de Brigadere, se convierte en símbolo de toda la nación, la cual, numéricamente pequeña, se ha sentido siempre como hijastra maltratada en la familia de sus hermanas mayores, y, segura del triunfo final del bien y de las virtudes morales, se ocupa de su elevación espiritual.
Maija soporta en la vida un peso enorme, ya que sobre ella caen todas las labores; sin embargo, las lleva a cabo siempre cantando con alegría, por cuanto obra por amor al mismo trabajo. Y así, posee una serenidad celestial, porque su alma es un manantial inagotable de bondad y de afectuosa atención hacia toda criatura; olvida el mal y se halla presta a ayudar aun a quienes se lo han hecho. Su sombra es Paija, más bien viciada por las condiciones de su vida que mala por naturaleza. Pero, como el sentido ético del pueblo letón jamás condena a nadie sin haberle dado una posibilidad de redención, Brigadere hace que, al final del drama, Paija, a causa del castigo merecido, desee ser mejor.
M. Rasupe

