Esposa de Franco Maironi (v.), en la novela Pequeño mundo antiguo (v.), obra maestra de Antonio Fogazzaro (1842-1911). «Con respecto a su marido, le falta caridad.
Ello es un vicio de su naturaleza y, también, un efecto de su fría, escasa y superficial religión. Siente la justicia, pero no la caridad». Así aparece en el juicio del autor, quien ha hecho de ella una figura de persona humana resentida, inspirándose, para el trazado de sus rasgos espirituales, en una amiga de su madre, la señora Luisa Venini Campioni, a la que era dedicado el Pequeño mundo antiguo. Representa, en la novela, la antítesis de Franco.
Racionalista y religiosamente tibia, considera también la muerte de su propia hijita como un acto de injusticia, y pierde totalmente la fe, en la que Franco halla, en cambio, consuelo. «Si realmente había que creer en una inteligencia, una voluntad y una Fuerza señora de los hombres y de las cosas, la monstruosa culpa era suya», dice, obcecada por su dolor. Y así, aun cuando racionalista y débil creyente, no repara en poner en marcha la fantasía para hallar el dedo de Dios en su propia desventura.
Y cuando, en su racionalismo que se opone al misterio, se afana en sondearlo, interrogando, con un amigo espiritista, las mesitas parlantes, en la esperanza de encontrar un testimonio, no de la existencia de Dios, sino de la supervivencia de su hija, su incoherencia nos parece muy humana. Cual moderna Niobe, vive en nuestro recuerdo no tanto por sus ideas como por este carácter humano y por ciertos destellos de humorismo cáustico que a veces atraviesan su semblante perturbado por la tempestad interna.
P. Nardi

