[Joseph Delorme]. Protagonista del volumen Vida, poesías y pensamiento de Joseph Delorme (v.), de Sainte-Beuve (1804-1869). «Si hubiese podido organizar mi vida a mi gusto, hubiera querido darle esta divisa: “L’art dans la rêverie et la rêverie dans l’art” (“El arte en el ensueño y el ensueño en el arte”)».
Así escribió poco antes de morir, suspirando, de un mal sutil, un hombre que se había olvidado de vivir: Joseph Delorme. «L’art, la rêverie…». Con un poco de metafísica, el desdichado joven se hubiera convertido en un pequeño místico, pero Joseph Delorme es una ánfora vacía o un lago sin agua, y la pregunta que aletea sin acertar expresarse entre las palabras de su diario y que solamente logrará formularse y liberarse en la poesía, «¿Qué hacer de la vida?», es la más coherente resolución del nihilismo perfectamente particular en que se complace su angustia y envejece una inteligencia carente de objeto concreto, «d’aliment extérieur».
Pero ¿se pierde verdaderamente este émulo tan joven de Obermann (v.), esta víctima de los distintos René (v.), Adolfo (v.) y Werther (v.), que le han transmitido su melancólico mal sin darle la fuerza por la que éste, en cuanto pesimismo absoluto y desesperación, puede convertirse, siquiera negativamente, en activo? La inteligencia está mal nutrida, pero se mantiene alerta; la sensibilidad está enferma, pero su fiebre hace palpitar la poesía en la que el joven, en su continuo y torturador autoanálisis, halla una altísima compensación a las carencias de su propia vida, un rescate, aunque sólo sea a los ojos de Dios, ya que no a los suyos propios.
Joseph Delorme es poeta, y es específicamente un crítico; sus bellísimas palabras son aquel río del que él mismo habla, que acaricia valles y castillos, que se ignoran entre sí, rodeándolos y definiéndolos al mismo tiempo que refleja sus maravillas y colores. En su poesía la vida sale victoriosa de su muerte; en efecto, Joseph Delorme encarna según el color literario de la época aquel difícil momento de la vida de Sainte- Beuve que fue su juventud; bajo el nombre de Amaury (v.), resolverá más tarde esta primera «crisis» con el descubrimiento de la voluptuosidad, despertando en ella a la conciencia, al placer y al religioso remordimiento de existir sobre la tierra.
G. Veronesi

