Protagonista de la célebre novela de Jonathan Swift (1667-1745), Los viajes de Gulliver (v.), es el hombre sin dimensiones, no porque cambie la estructura de su cuerpo y de su espíritu, sino porque al pasar, en su fantástico errabundeo, a través de gentes unas veces enanas y otras enormes, dotadas de las formas mentales más diversas, acaba perdiendo sus propios límites en el espacio y en el pensamiento.
Filosóficamente, Gulliver es una sátira humorística del subjetivismo en una época en que el empirismo inglés tendía a presentar, en sus extremas expresiones, la vida como una fantástica sucesión de experiencias personales, y la costumbre como la única norma que en cierto modo viene a asegurarnos una continuidad y una constancia en los fenómenos de la Naturaleza y del espíritu. Gulliver se encuentra súbitamente desvinculado de las costumbres: primero de las espaciales, ya que es arrojado al pequeñísimo pueblo de Liliput, donde pasa por un gigante, y, poco después, porque va a parar entre los enormes habitantes de Brobdingnag, entre los cuales parece un pigmeo; y luego de las costumbres del espíritu, ya que encuentra a gentes orientadas a las más extrañas formas, entre las cuales las categorías del pensamiento parecen subvertidas y los principios de causa y efecto confinan con el absurdo.
Al final de tantas experiencias, su viaje al país de Houyhnhnms, donde la civilización está representada por los caballos y los hombres han descendido al nivel de los brutos, le sitúa frente a un terrible relativismo natural en el que la evolución alterna caprichosamente con la involución. Pero, por encima y más allá de su significación filosófica y polémica, Gulliver representa algo más: quizás independientemente o aun a pesar de la voluntad de su propio creador, que se volvió loco, Gulliver no enloquece. Su lógica le llevaría a reflexionar sobre la relatividad del todo, pero más fuerte que la lógica es en él su hábito mental de hombre normal que continúa necesariamente considerando como monstruos a aquellos seres que encuentra, y no deja ni por un momento de creer que él se halla encuadrado en las normas verdaderas.
En esta obstinación interior de hombre sensato reside el aspecto humorístico de Gulliver, pero, más aún, su triunfo y su fuerza: su actitud, en efecto, es más poderosa que los propios acontecimientos que quisieran llevarlo a la deriva, y su humanidad permanece inmutable, capaz de concebir lo absurdo pero sin aceptarlo y de formular las más descabelladas teorías sin sentirse por ello obligada a prestarles fe. En ello consiste la universalidad de Gulliver y, al mismo tiempo, su peculiaridad de personaje inglés; ya que Swift, aunque a través de la figura de su héroe quiso burlarse de la espléndida ingenuidad del subjetivismo británico, en el fondo admira a aquel hombrecito tenaz que no se deja desconcertar y que se yergue en todo momento con toda la fuerza de su egoísmo.
En verdad, Swift dotó a Gulliver de una identidad personal tan bien definida y articulada, que de momento uno no se da cuenta de que Gulliver no es otro que su propio autor. Esta preocupación por conferir a Gulliver una personalidad propia no es más que el resultado del afán de evitar la responsabilidad de aquellas cosas que pretendía decir por su boca; por ello, a diferencia de lo que ocurre con los tres hermanos del Cuento del tonel (v.), a quienes jamás imaginamos como personas de carne y hueso, o del pañero de las Cartas del pañero (v.), Gulliver es un personaje auténtico e independiente, que campea gigantesco en medio de la novela y que está representado en todas sus dimensiones, y no únicamente por el lado que de momento interesaba a Swift para una determinada finalidad práctica. Gulliver no es un tipo, sino una persona, un ser real.
Pero cuando queremos ahondar la verdadera esencia de ese Gulliver marinero, más allá de su lenguaje de hombre de mar, de su jerga técnica y sus toscos vestidos, nos hallamos no ya con un marinero típico, sino ante un hombre, y este hombre es Swift, la única persona que este gran egoísta podía describir satisfactoriamente, ya que nadie le interesaba sino su propio ser. Así Gulliver es la quintaesencia misma de aquel hombre amargo, árido y sumamente desdichado que fue Jonathan Swift.
U. Déttore

