Gunter

[Gundicarius, Gundaharius; nórd. Gunnar; ingl. ant. Gudhere]. Rey de los burgimdios y personaje de las leyendas nibelúngicas, así como de la de Gualterio o Walthario (v.).

El Gundicario histórico sucumbió en 437 combatiendo contra los hunos, que asolaron su reino. La leyenda conservó, transformándolos, estos datos y le hizo morir a manos del propio Atila (v.). La forma más antigua de la leyenda según nosotros la conocemos es la reflejada en uno de los más vigorosos y antiguos cantos de los Edda (v.): el de Atila (Atlakvidha), que se remonta tal vez al siglo IX. Atila, que se ha casado con Gudrun (v.), herma­na de Gunnar, invita a éste a visitarle, pro­metiéndole cuantiosos dones y ricas tierras.

A pesar de la advertencia de Gudrun, que ha enviado a su hermano un anillo envuelto en pelos de lobo (símbolo de la traición y la perfidia), y de la opinión contraria de todos sus cortesanos, Gunnar acepta la in­vitación. En la corte de los hunos, los burgundios son atacados, y Gunnar y Hógni (v. Hagen) son presos y amarrados. Cuan­do se pregunta a Gunnar si quiere rescatar su vida con el oro, o sea con el tesoro de los nibelungos que con antelación al viaje ha sido ocultado en el Rin, el rey contesta que primero quiere tener en la mano el corazón de Hógni. Primero le llevan el corazón de un siervo, que late todavía, y lue­go el del propio Hógni: entonces nadie, ex­cepto Gunnar, sabe dónde está escondido el tesoro de los nibelungos.

Gunnar, que naturalmente se niega a declararlo, es arro­jado vivo en la fosa de las serpientes: allí «el altivo Gunnar, el señor de los godos, tocó con sus manos las cuerdas del arpa». Henchido del espíritu «heroico» que ani­maba al poeta autor de este canto y cons­tituía el ideal de la clase social a que per­tenecía, el Gunnar de este arcaico Canto de Atila (que mejor debería llamarse Can­to de Gunnar) es una de las más vigorosas, coherentes y atrevidas figuras de la poesía bárbara de los germanos antes de su con­versión al cristianismo. En un antiguo poe­ma de los Edda, el fragmentario canto de Sigurd (Brot af Sigurdharkvidhu), Gun­nar es enfrentado con la figura de este héroe.

Instigado por Brunilda (v.), que en­vidia a Gudrun (v. Crimilda) por sus bo­das con Sigurd y que soporta con despecho a su marido, Gunnar, éste, quebrantando sus juramentos y la hermandad de la san­gre, hace dar muerte a aquél. Gunnar, en este poema, es una pálida figura en com­paración con Brunilda, cuya mano ha ob­tenido por méritos ajenos; en realidad, no es más que un instrumento y una misera­ble víctima de la pasión de su mujer, y la figura de Sigurd está muy por encima de la suya.

Este tipo iconográfico vuelve a en­contrarse en otro poema éddico, el llamado Canto breve de Sigurd [Sigurdharkvidha en skamma], así como en el cantar alemán de Los Nibelungos (v.).’ Gunter no tardó tampoco en incorporarse a la leyenda de Gualterio o Walthario, que le presenta bajo una luz desfavorable, como un rey ni valeroso ni caballeresco, sino únicamente ávi­do de apoderarse del tesoro que el noble y heroico Gualterio, al huir con su amada Hildegunda de la corte de los hunos, se ha llevado consigo. En su encuentro con Gual­terio, que le desprecia, Gunter pierde una pierna, y perdería la vida entera sin la intervención de su fiel Haganon (Hagen).

V. Santoli