[Délíláh]. Figura bíblica, protagonista femenina de la historia de Sansón (v.), en el libro de Los Jueces (v., cap. XVI). ¡Dalila! Palabra que sintetiza el eterno femenino, con sus más seductores encantos y sus peligros más espantosos. Mientras el religioso secreto de su fuerza le perteneció exclusivamente, el buen gigante Sansón fue invencible. Demasiado lo sabían los filisteos por propia experiencia, derrotados una y otra vez.
Pero acontece a menudo que los hombres más fuertes se vuelven débiles en manos de una mujer; y Sansón, el hombre de Dios, no se mostró en este caso menos débil que los demás. «Amó a Dalila, del valle de Sorec…». A ella acudieron los jefes filisteos con cientos y miles de sidos de plata. Dalila aceptó el trato: descubrir, a cambio de aquellas monedas, el secreto de Sansón, adentrarse en aquella alma habitada por el Dios de la Fuerza… Una y otra vez consiguió él sustraerse a sus pérfidos requerimientos.
No obstante, la paciencia de las mujeres acecha incansable, y Sansón acabó revelándole la verdad. Abrió su corazón a la traidora: «Jamás navaja alguna pasó por mi cabeza, ya que soy ‘nazir’, consagrado a Dios desde el seno materno. Si me cortaran la cabellera, sería tan débil como los demás hombres…». Dalila sólo hubo de aguardar una oportunidad. ¿Acaso no es muy dulce adormecerse, luego del amor, en el regazo de la mujer amada? Una navaja, y cae la espesa melena… ¡He aquí a los filisteos, Sansón, los filisteos! Saltó sobre ellos, mas ¡ay!, Jehová le había abandonado; ahora el camino se presenta llano a sus enemigos: se apoderan de él, le encadenan y le saltan los ojos…
En este relato de cruel colorido la figura de Dalila nos lleva a reflexionar. ¿Cuál es el hombre que no debe temer, tanto como a los del exterior, a su enemigo interno, la secreta tentación que una mirada de mujer puede llegar a despertar?
H. Daniel-Rops

