Su nombre significa en la Ilíada (v.) «hija de Briseo», aunque es posible que originariamente significase «mujer venida de Brisa» (en la isla de Lesbos). En el primer canto de la llíada, Agamenón (v.), obligado a restituir a Criseida (v.), su propia esclava, arrebata Briseida a Aquiles (v.), acto que origina la retirada de éste de la guerra y su cólera, que constituye el motivo del poema.
Su resentimiento, empero, no está ocasionado expresamente por un afecto particular hacia Briseida; las verdaderas causas del litigio con Agamenón son más graves y anteriores a esa ofensa concreta. Aquiles es el primero de los combatientes, su actuación es decisiva para la guerra y su ánimo es particularmente generoso y sensible, gracias al perfecto equilibrio entre sus dotes físicas y morales; Homero ha hecho de él la concreción del hombre ideal, prototipo del más completo desarrollo de las cualidades humanas.
Como tal, Aquiles siente un alto aprecio de sí mismo, que en este héroe es virtud. Se comprende, por ello, que el guerrero, miembro de una sociedad que sólo en parte reconoce sus méritos, no se sienta a gusto en la alianza establecida con un rey de atribuciones poco precisas y la rompa a la primera oportunidad. Y si la rebelión de Aquiles es difícil de condenar aun desde el punto de vista de las relaciones estrictamente jerárquicas, considerada desde una moralidad más alta y luminosa su cólera es sacrosanta.
Desde el momento de la rivalidad, Homero procura posponer los motivos particulares de la ofensa de Briseida a las cuestiones más generales de la oposición entre el hombre a quien los dioses han dado el cetro y el que ha sido favorecido con dotes personales superiores. El afecto de Aquiles por Briseida se deja suponer, pero sin insistir en él: para aquél, la esclava no es más que parte de un botín; pero, no obstante, es también representación de su honor. Cuando los heraldos de Agamenón llegan, vacilantes, para apoderarse de Briseida, Aquiles les trata cortésmente y no da muestra alguna de cólera, por lo menos en aquella ocasión.
Nada dice de Briseida, ni nada tampoco añade Homero, quien nunca se detiene a describir las pasiones individuales ni los pensamientos íntimos de sus personajes, limitándose a observar los momentos en que tales ideas se convierten en actos. Pero un destello rapidísimo ilumina las relaciones entre Aquiles y Briseida: cuando los heraldos se alejan, «la mujer les sigue con pesar». Ese afecto permite ya vislumbrar la complejidad del carácter de Aquiles, que con su inflexible orgullo disimula una intensa riqueza de sentimientos.
Su ira empieza con la separación de Briseida y luego se convierte en deseo de venganza fiera por la muerte de Patroclo (v.). Posteriormente, Agamenón repara la ofensa y restituye Briseida a Aquiles, pero Homero apenas menciona la devolución de la esclava. La ira no cesa con la satisfacción, sino con el dolor por la pérdida de Patroclo, así como el nuevo furor contra Héctor se apaciguará con la compasión hacia el padre del enemigo muerto. Tal es la diversidad de los motivos que impulsan los actos de Aquiles, quien, por ello, se convierte en un tipo humano magistralmente descrito a grandes rasgos, nunca analizado psicológicamente, sino considerado siempre en el momento de la acción y en sus relaciones con los demás hombres.
He aquí por qué Briseida está descrita siempre con relación a él; carece de autonomía en el poema, y su presencia sirve para completar el retrato del protagonista con un sentimiento apenas esbozado, muy significativo, ciertamente, pero que se confunde entre otros más aparentemente manifestados.
F. Codino

