Opinión acerca de «Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot»

Claudia Bürk con sus dos libros publicados.

 

Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot

Claudia Bürk
Grup Lobher, febrero de 2011.
436 páginas, versión rústica solapas
20.00€
Versión tapa dura
21.90€

Claudia Bürk (Valladolid, 1971) es una narradora impecable, con talento y sin ambición, pero también lo es por evasión y pulsión. Pocos autores me han conmovido tanto, hasta el punto de que, cuando llegando casi al epílogo, lloré conmovido. Y aquí lo admito sin vergüenza.

Teniendo en cuenta que la autora hasta la adolescencia no dominaba el idioma castellano, viviendo hasta cumplir sus dieciséis años en alemania, me sorprende –y mucho- y me pregunto, ¿cómo logra el exquisito y consumado lenguaje? Claudia apunta maneras clásicas, decimonónicas, su léxico es perfecto y sorprende la enorme capacidad descriptiva que tiene.
Podemos ver todos los parajes descritos; ella logra que con su novela que veamos una película con escenas pulidas y coloridas. Sabe introducir olores, paisajes, y emociones, evitando siempre la acumulación. Hay poesía entre las páginas del libro, cuyas condiciones se fusionan en una voz de un “yo”, que es la isla que representa su protagonista en medio de los otros y el mundo. Que en su ideario, no puede ser otra que la más profunda voz de la soledad y exclusión entre la normalidad cotidiana. Para decirlo con vocablo propio de Claudia, la voz de una proscrita.

Si algo le gusta a la autora es vivir, o mejor, sobrevivir, ¡y vaya si lo hizo! Es un libro intenso, con moraleja, con un final inesperado y cabal. Una explosión, a lo sumo.

Claudia juega al despiste: como también lo negó Truman Capote, ella se niega a hablar de una novela autobiográfica. Nos cita a Chesterton, que dijo: “Una buena novela habla de su protagonista, una mala de su autor”. Claudia nos reta a que juzguemos su obra.

No todo en la novela tiene porque ser real, nos dice. Y la demarcación entre ficción y no ficción, entre lo falso o lo real, han permitido a la autora una enorme libertad.

Sin embargo opino que Claudia deja caer esa venda que también tapa los ojos de la protagonista y que posa sobre la cubierta del libro. Ambas se fusionan, autora y personaje, sin máscaras, ofreciéndonos una obra sustancial que juega a distraernos todo el tiempo, ofreciéndonos por el camino secretos y lecciones: a ratos parece una novela de misterio, a ratos una novela de ficción, drama a veces, profundamente psicológica y hasta sexual otras. Sin embargo, siempre una novela emotiva.

Estoy seguro que este libro nace desde el borde de un abismo. Sólo quien haya sentido con intensidad las adversidades, la soledad y el dolor puede ser capaz de descripciones de tal magnitud. Y si ese no es el caso de Claudia, estamos desde luego ante un genio femenino que sabe tirar diestramente de hilos muy bien colocados y que juega con una sutileza inteligentísima.

Para mi (y sé que Claudia no me perdonará que lo mencione) el libro es una autobiografía novelada que evidencia el deseo de que el lector descubra sus secretos poniéndolos a la vista sin tapujos, bajo el pretexto, “tan sólo es una novela, a mí no me miren”. La autora escribe sin traicionarse, logrando dar ritmo a la trama según avanza su lectura, da vida al diálogo y flexibilidad a las acciones. El ritmo es, al principio del libro, lento. Su velocidad se duplica al llegar a la mitad del mismo y entra en un presuroso ritmo, desenfrenado, y con gran acción hacía la mitad final.

Acabo de terminar de leer el libro y me he ido corriendo a escribir estas impresiones, lleno de entusiasmo y profundamente conmovido, desde luego. Soy sacerdote católico, por ello me veo obligado a mencionar un pellizco: no todas las ideas que refleja el libro casan con las ideas de nuestra iglesia. Este es también el motivo por el cual prefiero el preservar el anonimato, si la autora decide publicar esta reseña. He querido leer el libro desde la perspectiva de lo que es: una novela de fantasía.

No tengo más remedio que señalar un pálpito decisivo en la novela, que, más allá de contar una historia extraordinaria que justifica la existencia del dolor en las vidas, nos habla del valor de la fe.

En la novela late el pulso enérgico de una gran mística. El pulso de una escritora clásica que escribe todo desde el corazón, que escribe desde dentro de sí como a mi modo de ver, no lo he visto hacer nunca a nadie. Claudia Bürk, pese a ser una autora neófita, es una narradora consumada y en conjunto, a la novela le doy un notable alto, rayana a un sobresaliente. Soy un lector exigente, amante de las novelas sutiles y descriptivas. Y este libro ha llenado todas mis expectativas: no tiene desperdicio, lo digo claro y alto: la novela de Claudia Bürk la califico de obra maestra. Su libro, “un símbolo entre el idioma de las Altas Esferas”, merece ser recordado por los siglos de los siglos.

M. S.

Canal en youtube de Claudia Bürk (Presentaciones, vídeos promocionales etc.)

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UNA POESÍA CARGADA DE FUTURO

Sobras en una servilleta

Pepa Ortiz Moreno

Ed. Emboscall, Vic, 2008, 71 pp.
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La infantil metralla de tu lengua. Treinta y siete de-presiones menores

Pepa Ortiz

Ed. La Cabuda Cartonera, El Salvador, 64 pp.

Por Anna Rossell
http://annarossell.blogspot.com/

Para quien no haya leído sus poemarios diré que en la contraportada de sus dos libros de poemas, editados en papel, ella misma se presenta como sigue:

«pedagoga y poeta, las dos personalidades al mismo tiempo pero predomina más la de poeta. Tengo dos libros publicados Sobras en una servilleta (Editorial Emboscall, 2008) y La infantil metralla de tu lengua (Editorial la Cabuda Cartonera de El Salvador, 2010) y en ebook (Emooby, 2011). ‘Existe en la obra de esta poeta una clara intención comunicativa y de ahí los temas que aborda: el erotismo, la justicia social y la urbanidad’, afirma Eleazar Rivera, poeta salvadoreño. Durante 14 años trabajé en Salud Mental y recuerdo con ternura el taller de Escritura Creativa que llevé a cabo en el Hospital de Poble Sec. En la actualidad trabajo de maestra interina y el curso pasado llevé a cabo un taller de poesía para alumnos de tercero y cuarto de Primaria”.
*
La poesía de Pepa Ortiz (Barcelona, 1972) no es una poesía más, ni es sencillamente buena poesía, la suya es una poesía extraordinaria, que permite intuir que detrás hay una personalidad humana extraordinaria. Y esto en el sentido más literal y etimológico de la palabra.

Porque las temáticas y el lenguaje poético que gasta Pepa son, a pesar de la juventud de la autora, lacerante testimonio de una existencia intensa, vivida a fondo y rastreada a fondo, una vida que no se lo pone fácil y que ella mira de cara, directamente a los ojos, recogiendo el guante del desafío que le propone. De la vida ella asume con valentía cualquier reto. Su poesía documenta su actitud firma ante cualquier situación -no rehúye ningún tema; todo la afecta, responde a todo, le importa todo, no pasa indiferente ante nada ni nada pasa que la deje a ella indiferente-. La temática de su poesía abarca la vida en todas sus facetas, como ella misma subraya dividiendo significativamente sus poemarios en tres partes: Sobras de amor, Sobras del yo y Sobras en sociedad (Sobras en una servilleta) y Primer acto –nosotros, ese barranco colectivo-, Segundo acto –los trámites de la ausencia- y Tercer acto –abriendo la imagen de la sima- (La infantil metralla de tu lengua. Treinta y siete de-presiones menores).

No, Pepa no es poeta de un solo aspecto de la vida; su poesía es sinónimo de la vida misma con toda su riqueza, con toda su crudeza. Sus poemas tratan -como algunos títulos avanzan claramente- desde aspectos familiares, íntimos y personales –Lucha, Mi padre, El devenir de un ronroneo (del poemario Sobras en una servilleta)-a temes socials de caire reivindicatiu o acusador –Armando una educación para la ciudadanía, Escuela cadàver, De pateras a las puertas de palacio, De tipos de rencor, Para zares de puño y letra de los cronopios, El General Mutilado, Oración del ateo… (del poemario Sobras en una servilleta)-, pasando por aquellos en que la atención del yo poético se dirije hacia las relaciones amorosas, eróticas o sexuales –Lo que supe de ti, Fuga de amor, En la cabaña, Tu ya no (del poemario La infantil metralla de tu lengua)- o nos ofrece a golpe de verso, como si disparara metralla, la radiogradfía de una sociedad deshumanizada donde el amor y la familia son valores en extinción y la solidad, las tarjetas de crédito y los centros comerciales valores al alza –Privatización del amor, Homo modernus (del poemario Sobras en una servilleta)-.

No es sencillo definir el lenguaje poético que emplea Pepa Ortiz, porque Pepa crea una lengua propia, inusitada, extraordinariamente original; su poesía irradia -como la propia autora- una personalidad imponente, lleva sello propio con mayúsculas.

Cada frase suena como una sentencia y -paradógicamente- no tiene nada de sentencioso, no tiene nada de pedante. La contundencia de sus aseveraciones emana de la convicción que otorga la experiencia vivida a fondo y por la piel, una piel extraordinariamente sensible a la percepción por minúsculo que sea el estímulo. Pero a pesar de la profunda subjetividad de la vivencia, Pepa tiene la cualidad de objetivar lo vivido y hacerlo universal. Sus vivencias le sirven para analizar, para diseccionar el mundo. Y lo hace a corte afilado de bisturí, de manera directa y sin ambages ni amortiguadores. Su mirada -vuelta objetiva- es crudamente analíotica, dice las cosas por su nombre y tal cual las percibe; la realidad es la que es, y habitualmente es dura. La voz poética es alérgica a los subterfugios y a las palabras dulces: salvo raras excepciones, de lo que habla no es de su deseo sino que habla de lo que ve y es. Y lo que ve y es es el mundo del siglo XXI, que no promete precisamente ser mejor que el del XX ni da señales de haber aprendido de la historia. Yo diría que la poesía de Pepa Ortiz sabe captar lo más esencial de la tendencia del siglo XXI para avanzarnos lo que nos espera, pero que ya es un poco o bastante nuestra actualidad. Con la generalización de un estilo de vida y de unas situaciones que ya son una realidad cada vez más frecuente en nuestro presente, yo diría que la poesía de Pepa es de cariz futurista, de modo comparable a como lo es el cómic moderno (tanto por las imágenes gráficas como por la lengua que emplea), al que tanto me recuerda la poesía de Pepa:

Hay un hombre que bebe solo / en el bar de un lujoso hotel / no es verdad que una nave nodriza lo salve / de la mirada viciosa de la camarera mona / ni que se vea obligado a esquivar / una charla con los que fueron amigos // Hay un hombre que duerme solo en la habitación 666 de un hotel / con vistas al Big Ben / no es verdad que se duerma / con la mano en la polla / mientras Peter Pan ondea la ciudad // Y es que no es verdad que se busque la eternidad […] (Homo modernus, del poemario Sobras en una servilleta).

A veces son realidades condenables que arrastra el mundo desde que es mundo, como por ejemplo el lastre de las actitudes patriarcales, de tan arraigadas incluso interiorizadas por la propia mujer: Sara no está desnuda tal cual es / Sara está desnuda cuando tú la ves. / Sara que sea la última vez que te bañes desnuda / Sara tapa tus vergüenzas con una hoja de palma / Machete pene / Sara voluntaria carne del diablo / Machete pene / machete pene / […] (Sara al desnudo, del poemario La infantil metralla de tu lengua).

El mundo que reconocemos en la poesía de Pepa como si nos mirásemos en un espejo sólo es soportable con la coraza del sarcasmo, y la ironía del sarcasmo sirve al propio tiempo opara señalar el lugar exacto donde radica el mal, como un dedo que apunta, acusador: Padre nuestro que estás en algunos pueblos / […] / líbranos del mal de pensar / concédenos un abogado / para acogernos al paraíso eterno / y prométenos 100 vírgenes y dinero a raudales / para fabricar en cadena los sueños / y no nos dejes caer en la tentación de luchar / líbranos de actuar / y por los siglos y los siglos de ignorancia / y porque la oscuridad no nos deje ver más muertes / Así sea. (Oración del ateo, del poemario Sobras en una servilleta).

Este mundo cuyo paradigma es la gran ciudad: ¿Y ella me vería si no caminara como ida guardando sus puños / en los bolsillos al transitar por los pasillos del metro? / ¿Y qué me diría cuando comemos juntas si no fuera por la tele? / […] / Soy amante y mi barco flota a la deriva, hacia muertes / prefabricadas, hacia laberintos con fauces cíclicas. / Todo se me desordena en la gran ciudad donde los clones de / ella me atraviesan y me hace sentir desnuda al no formar parte / de ese gigantesco puzle de la nada. / ¿Y por que no se pueden hacer preguntas? / […] // ¿Y si ella me viera amanecer en los contáineres de basura ante / la mirada de tanto ciego? / El Sistema le abre las puertas para robarle el tiempo, robarnos / el tiempo de hacernos preguntas. / […] / Y sé que no me ves porque soy yo quien me ahogo en / preguntas y me pierdo entre tanto decorado y la tele vuelve a salvarnos del llanto de los gemelos del piso de arriba y / una mueca se dibuja en tu cara cuando ves a una pedagoga / televisiva que enseña a jugar a una madre con sus hijos. (Alma de ciudad, del poemario Sobras en una servilleta).

O describe sin piedad una manera de vivir despiadada, un ritmo trepidante y robótico que el ser humano se autoimpone y que a pesar de su cualidad de racional, supuestamente liberadora, lo hace equiparable a los animales salvaje: […] / Y todo es prisa / organizas tu agenda / como un campo de exterminio / tienes citas a ciegas con corredores de bolsa / […]. Te lleva días maquillarte / para tapar las arrugas / y que no se le vea el culo a tu sensibilidad. / Y todo es prisa / le pones trampas al tiempo / […] / después sales a la calle / a hacerle cortes al territorio / y a emborracharte con los de la propia manada. / […] / bailas con el silbido / y a veces vives / y a veces mueres / y a veces vives. (El silbido, del poemario La infantil metralla de tu lengua)

Pero, como he dicho, Pepa Ortiz no se limita a un solo aspecto de la vida, no hace sólo denuncia social con la intención de describir y diagnosticar la enfermedad, también tratya, con el mismo interés e intensidad, temas de la esfera privada como una herramienta para digerir relaciones de tipo personal o no tan personal, relaciones interpersonales, en cualquier caso en clave universal. El poema Mi padre (de Sobras en una servilleta) le sirve para describir la historia de toda una generación: Tu morada linda los pies de tu infancia de monaguillo / beso a la fuga entre los raíles de una carretera repleta de emigrantes / tu morada eligió campo a colegio / padre a maestro, esposa a madre, ciudad a campo […].

O bien se recrea en el recuerdo de un pasado cargado de historia emocional: Le abro el párpado al pasado / y mi abuela aparece en mi cocina / del brazo de sus migajas de hambre / y de una fruta que le robó a hurtadillas / al tendero de la esquina. / […] / Y el tiempo se insinúa / en cada detalle adormecido / de la culpa heredada / como se desparrama también en la caza / del bocado de fruta fresca de pecar gozando. (El detalle adormecido, del poemario La infantil metralla de tu lengua).

O nos hace la radiografía de una manera deshumanizada de vivir al tiempo que hace crítica lingüística: Y dime / ¿qué cura el tiempo? / tal vez esperes que su mero transcurrir / le quite el polvo a tus días / y ya del todo limpios de pelusa en las esquinas / te otorgue el derecho divino de la suerte // un boleto azaroso / que te salve de vivir de tus tripas / un boleto azaroso / que levante a tu pie izquierdo silbando para ir al trabajo / un boleto azaroso / que libre tus batallas en la calle / con tus amigos y que no te deje / mirarte en el espejo la barba de tantos días. / Y dime / ¿qué cura el tiempo? / […] / Pero dime / ¿de qué tiempo hablabas, cuando decías que el tiempo lo cura todo? (El tiempo lo cura todo, del poemario La infantil metralla de tu lengua).

El laconismo cortante de aristas afiladas y angulosas que caracteriza la lengua de Pepa Ortiz se hace patente incluso cuando, excepcionalmente, no nos habla de realidades, sino del deseo de la voz poética. Incluso cuando nos habla de amor no se permite licencias azucaradas, no hay engaño, no hay trampa: […] / La noche que yo amo / tiene tu boca / porque cuando besa tiemblo / le gusta travestirse / antes que ponerse / el mismo traje en los entierros / corretea descalza / en las iglesias / antes que masturbarse en el metro / […] / tiene tu mirada risueña / se precipita en mis ingles / no sabe de juez ni de cura / ni espera cadalsos / ni pone grilletes / a mis gemidos / ni me roba / los meses del calendario / ni sabe qué pasará mañana (Canción de noche, del poemario Sobras en una servilleta).

O cuando describe una relación amorosa: […] gruñe ella / cuando le huele el miedo / ante el abismo / de sus piernas abiertas / gimen / por no lisiarse más allá / de lo que son / […] / él entra en ella / […] / y le baila al oído / las cenizas del miedo / se rozan / se tocan / se lamen / y hacen / salir al instinto / de la cueva […] (Ni tú ni yo… nosotros, del poemario Sobras en una servilleta).

O bien una relación de desamor: ¿Cómo pudimos dejar que un perro se llevara el deseo por el que tanto peleamos? / Dime / ¿fue el día que sólo puso un huevo? / Hoy me agarro el ombligo / para dar sepultura a mi caricatura / […] / Hoy guardo la noche agujereada como un colador en una caja de zapatos (Y si te dijera, del poemario La infantil metralla de tu lengua).

Pero hay aún aspectos del lenguaje poético de Pepa que son cruciales para caracterizar su poesía. Son los que hacen referencia a su cualidad iconoclasta en todos los niveles imaginables: tanto en el más formal como el que afecta a las imágenes que crea la inusual combinación de léxico e incluso la sintaxis, nada ortodoxa:

Comenzando por el aspecto más formal vemos que Pepa Ortiz casi nunca emplea puntos ni comas. Tan extraña es la presencia de estos signos de puntuación que, en algunas ocasiones, he pensado que se trata de errores de imprenta que, si es el caso, deberían corregirse con urgencia, siendo como es en su poesía un recurso estilístico esencial. Porque Pepa juega con la ambigüidad que sugiere la vecindad de las palabras sin comas, cuando es el propio lector por sí mismo quien debe decidír donde colocaría este signo de puntuación. En el caso del punto el margen de juego no es tan amplio, porque la poesta nos marca con letra mayúscula la presencia elíptica del punto. En cualquier caso, el hecho de prescindir de signos de puntuación otorga un ritmo específico al poema, que se ajusta perfectamente al contenido habitualmente crudo, sobrio, seco y flagrantemente actual: un sugerente staccato, que imaginamos a menudo recitado a golpe de hip hop.

También el hecho de alinear los versos a la derecha, al contrario de lo que es habitual, como hace en su segundo poemario, La infantil metralla de tu lengua.

Y siguiendo con las imágenes me gustaría mencionar algunas como ejemplo: el tu, que interpela la voz poética, le cortó los dedos a la noche, o le dice resbalaste en el torso de la duda, o también que un gato mojado se coló por tu escote, o te creció una lombriz; la voz poética afirma: vi a un cangrejo llevarse el mensaje de amor del metafísico o bien Vi como maniobraba la sangre / y los besos de arena correr por tus fotos. (Cautiverio, del poemario La infantil metralla de tu lengua). Las imágenes y el estilo poético beben de las fuentes de las vanguardias más productivas del siglo XX: el existencialismo, el hiperrealismo, la intertextualidad, incluso del erotismo -como ella misma afirma- y el surrealismo, una de las corrientes artísticas que han dado en todos los ámbitos de la creación humana -no sólo el literario- los mejores productos del pasado siglo XX, tanto en cine como en pintura o en poesía.

Y aún otra imagenn donde una pecera puede ser una república: […] / Sabes, negro / tiene el amor basura / un arlequín recitando poesía por las calles / la polla en el estómago / cuando una turista se pare frente al boulevard / ¿es que tú negro puedes ser rosa? […] / Negro / […] / rema en el hormigón / ciertos capitalistas llevan sotana […] (Extravío en la ciudad, del poemario La infantil metralla de tu lengua).

En conjunto -creo interpretar-, signo sintomático de la rebeldía de una poeta que dice no a lo que quiere decir no con todos los recursos de que se puede valer. Y que es sensiblemente consciente del potencial significativo de estos recursos. En este sentido su poesía tiene ecos y el gesto de Charles Bukowski, pero es mucho mejor que la de Bukowski, a mi criterio.

© Anna Rossell
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LAS VANGUARDIAS BAJO EL MICROSCOPIO

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Cristina Jarillot Rodal,

Manifiesto y Vanguardia.
Los manifiestos del futurismo italiano, Dadá y el surrealismo
Universidad del País Vasco. Servicio Editorial, Bilbao, 2010, 417 págs.

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por Anna Rossell

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Apabullante, casi abrumadora, la lectura del número dieciséis de la colección Filología y Lingüística que publica el Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, cuyo propósito es hacer asequibles a los especialistas sólidos trabajos de tesis doctoral –con las correspondientes adaptaciones que su publicación requiere-, así como otras investigaciones prestigiosas a lo largo de la historia en estos dos ámbitos de conocimiento.
Manifiesto y Vanguardia. Los manifiestos del futurismo italiano, Dadá y el surrealismo no es, como pudiera parecer, un ensayo dirigido a un público general de eruditos interesados en el tema, sino un trabajo de investigación filológica en toda regla, que estudia los rasgos formales específicos de los manifiestos de las vanguardias más representativas del siglo XX con el fin de comprobar si son susceptibles de ser definidos o no como género literario y marcar sus límites con otras formas literarias afines.

Un trabajo de tesis conduce a quien lo lleva a cabo al grado de doctor, que da constancia de su capacidad investigadora. Y desde luego no cabe duda de que su autora cumple con creces con esta cualidad: el planteamiento, la estructura, la ejecución del trabajo, la riqueza de la documentación manejada –en francés, alemán, italiano, inglés y español-, la matizada y contrastada argumentación, sensiblemente sostenida por las justas citas necesarias y con referencia constante a la bibliografía especializada a pie de página, son sobrada prueba de ello. Cristina Jarillot (1970, Chambéry –Francia-), licenciada en Filología Germánica en la especialidad de alemán y profesora de este área de conocimiento en la Universidad del País Vasco, es una investigadora de calado. Tras un breve capítulo preliminar, en el que la autora plantea y justifica convenientemente el criterio aplicado en la selección de los textos, Jarillot ofrece una extensa Introducción histórica de las vanguardias objeto de su estudio (págs. 19-134), en la que da cuenta de su evolución, ideario y objetivos, para explayarse a continuación, en el segundo capítulo, en El manifiesto como género literario, que transporta el peso de la tesis y centra la atención principal del libro (págs. 135-370). La investigadora somete a los manifiestos de las tres vanguardias a un análisis extremamente pormenorizado, a partir de los parámetros que le proporciona Wolfgang Raible (“Was sind Gattungen? Eine Antwort aus semiotischer und textlinguistischer Sicht”, en Poetica, vol. 12, 1980) y que reduce a cuatro: la situación de la comunicación, la disposición textual, la relación con la realidad y el tipo de discurso, que a su vez se subdividen en subcriterios, sobre todo el primero. Pero esta observación tan sensiblemente minuciosa de los textos, que en la tarea investigadora puede ser una virtud y que viene dada por la naturaleza científica del estudio, conduce irremediablemente a la repetición, que lastra la lectura e impide al lector la necesaria y deseada panorámica. La autora parece ser consciente de ello cuando, en un intento de sintetizar para proporcionar una visión de conjunto, antepone brevemente al análisis desglosado de cada una de las vanguardias, las conclusiones a las que ha llegado: los rasgos comunes a las tres vanguardias, lo cual redunda otra vez en la repetición.
En la misma línea de alta especialización y de información precisa y detallada, el libro ofrece una impagable cronología –el capítulo 4-, que no sólo contiene los datos relativos a la publicación de los manifiestos propiamente dichos (realzados tipográficamente con negrita), sino también los actos relacionados (sesiones literarias, giras de conferencias, exposiciones artísticas…) y, finalmente, una desgranada bibliografía en las cinco lenguas mencionadas que ha de ser de gran utilidad tanto a los más exigentes especialistas como a eruditos en general. En coherencia con la pulcritud de toda la investigación, la bibliografía distingue entre Literatura primaria -Manifiestos y otros documentos, Fuentes consultadas- y Literatura secundaria.

En el momento de sacar sus conclusiones finales Jarillot escribe “este […] trabajo no es más que un eslabón en el proceso de recuperación del género”. Esperamos con impaciencia lo que estas palabras parecen contener entre líneas: el anuncio de la publicación de un verdadero ensayo sobre el tema, que la autora domina en profundidad, que traduzca a un registro más asequible al gran público los inestimables conocimientos de que su libro da prueba ostensible.

Anna Rossell

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EL VALOR DE LO DISCRETO

EL PRIMER DIA DE LES NOSTRES VIDES
Teresa Roig
Edicions Proa, Barcelona, 2010, 150 págs.

Anna Rossell

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Es una delicia la lectura de esta novela de Teresa Roig (Igualada, 1975), merecidamente galardonada con el Premi Roc Boronat 2010. A lo largo de ciento cincuenta páginas de prosa fresca y ligera la autora nos regala un relato sencillo, una historia cotidiana, que tiene precisamente en el rompimiento de la rutina su razón de ser. Contada en primera persona –la del personaje masculino- y desde sus recuerdos transcurrido un año, dos vidas muy distintas –las de un hombre en la cincuentena y una joven veinteañera- se cruzan un día en que ambos, por diferentes razones, han tocado fondo. Este rasgo común les unirá durante veinticuatro horas, una convivencia breve pero intensa que cambiará su futuro. A Roig le interesan los escenarios discretos, la suya es una mirada sensible hacia el detalle, la intimidad del alma humana, hacia las cosas importantes de la vida, el sentimiento profundo, la relación tierna y sincera. Estos son los ingredientes básicos del universo que crea, los únicos capaces de redimir a quienes, sumidos en la desesperanza, lo han perdido todo, también el ánimo de seguir viviendo. «El primer dia de les nostres vides» es en realidad una historia de amor en el sentido más auténtico. Pero nada en ella es convencional. A pesar de la diferencia generacional y de carácter entre los protagonistas la autora traba una relación original sin caer en ningún momento en lugares comunes y construye con soberanía dos registros diferentes que reflejan con verosimilitud dos mentalidades y dos códigos lingüísticos distintos en función de la edad de cada uno de los personajes.

Bien conseguida está también la técnica narrativa que aplica la autora a su relato y que determina la estructura de la novela: arropada entre un preámbulo y un epílogo, que sitúan al protagonista en el momento presente, la narración discurre a partir del recuerdo de las vivencias del día del encuentro con el personaje femenino un año atrás. Al propio tiempo la memoria de otros recuerdos a partir del primero, por la asociación de situaciones y sentimientos, es la herramienta esencial que sirve a Teresa Roig para enlazar, casi de modo imperceptible, momentos del presente con otros vividos con anterioridad en su entorno familiar, que va desvelando con cuentagotas la historia previa del hombre, lo que permite al lector ir recomponiendo poco a poco y hacia atrás su semblanza. Esta contención y las incógnitas que rodean el pasado de la chica, que Roig permite sólo intuir a pinceladas, dotan además a la narración de un cierto suspense que mantiene más vivo aún el interés. Así la novela es también una historia de desamor, pues esboza las causas, propias de nuestro tiempo, que han podido llevar a la situación crítica de ambos e induce a la reflexión.

Ésta es su tercera novela, que confirma los comienzos de la que promete ser una brillante carrera literaria: la autora, también de cuentos, fue galardonada además en 2007 con el premio  «Setè Cel» por «L’herència de Horst» (Alisis). En 2009 publicó la segunda, «Pa amb xocolata» (Alisis) –ambas indagan en la Guerra Civil española-. «El blog de Lola Pons» (Columna, 2011) es su último libro publicado. Esperamos ver pronto la versión española de «El primer dia de les nostres vides», que ahora se publica en catalán.

© Anna Rossell

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Ángeles Caso: Contra el viento

El 2009 será recordado en la historia de los premios literarios como el año de las escritoras. Y es que los principales premios, comenzando por el Nobel, fueron ganados en franca lid con sus homólogos masculinos, por mujeres de gran trayectoria literaria. Me refiero a la alemana Herta Müller (1953), Premio Nobel de Literatura 2009, a la senegalesa Marie NDiaye (1967), Premio Goncourt, la canadiense Alice Munro (1931), Premio Man Booker International, la estadounidense Elizabeth Strout (1956), Premio Pulitzer de Ficción, la inglesa Hillary Mantel (1952), Man Booker Prize, la mexicana Cristina Rivera Garza (1964), Premio Sor Juana Inés de la Cruz, obteniéndolo por segunda vez, la colombiana Ángela Becerra (1957), Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casa de las Américas y la española Ángeles Caso (1959), Premio Planeta. Y aunque todas estas mujeres tienen en común el oficio de la escritura y su pasión por la ficción, sólo me referiré en este artículo a la ganadora del Premio Planeta.
Ángeles Caso, si bien es desconocida en Colombia, e imagino que en América Latina, en España su nombre es reconocido y algunas de sus obras han sido premiadas con anterioridad. Me refiero a “Un largo silencio” (2000), con la que obtuvo el V Premio Fernando Lara de Novela y “Peso de las sombras”, finalista del Premio Planeta 1994. Ha publicado varios libros, entre los que se cuentan varias biografías, habiendo sido incluso la única española en haber escrito la vida del compositor Giusseppi Verdi; ha incursionado también en el género del ensayo.
Ángeles Caso es hija de un eminente profesor universitario, filólogo y especialista en el siglo XVIII, incluso fue rector de la Universidad de Oviedo. La pasión por el estudio de las lenguas la transmitió a su hija, ya que ella estudió francés, inglés, italiano y portugués, por lo que se ha desempeñado como traductora. También ejerció el periodismo, pero finalmente lo abandonó para dedicarse en exclusividad a la literatura.
“Contra el viento”, ganadora del Premio Planeta 2009, es la historia de Zao, una valiente mujer nacida en Cabo Verde. Pero al mismo tiempo aparecen otras mujeres con sus vidas y sus dramas. La obra es, ante todo, la historia de las redes secretas e invisibles que suelen tejer las mujeres en la lucha contra la adversidad y el infortunio. Los hombres que aparecen a lo largo del relato son déspotas, machistas, violentos y egoístas. Sin embargo, en la narración aparecen tres hombres llenos de ternura y de respeto por tres de las mujeres que pueblan la ficción de Caso. Una hermosa forma de reconciliarse con el género masculino y de mostrarnos que los hombres también pueden ser solidarios y amarnos sin límites.
El libro de Ángeles Caso es una denuncia social, política y económica; ya que “Contra el viento” nos muestra la vida de las mujeres africanas que deben dejar todo, padres, hijos, hermanos, a veces sus propios maridos, amigas, para ir a trabajar en condiciones de inmensa precariedad a Europa, en este caso preciso a Portugal y España. Pero también podría ser el caso de muchas colombianas o ecuatorianas o bolivianas, por no seguir enumerando todo el continente latinoamericano. En otras palabras, es la historia de la migración sur-norte, basada en la búsqueda de un mundo mejor, más equitativo; pero donde la realidad es muy diferente a la imaginada. En vez de igualdad, se encuentra un racismo oscuro, soterrado y ancorado en lo más profundo de muchos hombres y mujeres que no han entendido que en la diversidad radica la riqueza de la especie humana. La migración conlleva, en la mayoría de los casos, al renunciamiento a un pasado personal, lleno de raíces y de identidad cultural y a veces lingüística. Cuando eso sucede la persona que emigra se convierte en un exiliado en sí mismo, lo que hace muy difícil la integración a la sociedad que se pretende adoptar, máxime si las políticas de los países donde se llega, adolecen de postulados y programas que ayuden a que la integración sea más fácil; por lo que la mayoría de los emigrantes terminan viviendo en guetos, con todo lo que ello puede significar de bueno o de contraproducente en la nueva vida que se emprende.
“Contra el viento”, es la historia de la precariedad, del abuso sexual, de la explotación, que a veces raya con la esclavitud. Es la historia de un mundo opulento y racista, que ve en las extranjeras seres de poca valía, a las que un mendrugo de pan y un salario de miseria deben bastarles para su supervivencia y la de sus familias. Es también la historia de las inequidades entre el primer mundo y el mal llamado tercero. Las mujeres africanas, que son obligadas a la migración, son en su mayoría analfabetas, ya que en sus países de origen se les suele negar el derecho inalienable a la educación; por lo que muchas de ellas son explotadas por las modernas redes de esclavitud, o trata de blancas, como se llama ahora a tan infame explotación. Otras, como es el caso de Zao, deben trabajar en pequeños oficios, meseras o tareas domésticas, cuidado de los niños, cuando los propios deben ser abandonados en sus propios países, o deben pagarles a vecinas para que se los cuiden mientras ellas trabajan para poder alimentarlos. El libro es una denuncia de la pobreza, de esa carencia a todo nivel, difícil de imaginar en la España de hoy en día: “La pobreza las rodeaba, como una cadena que las sujetara contra la esquina del mundo donde se acumulan la miseria y la marginación, de las que difícilmente lograrían salir sin sentir al menos el estigma marcado para siempre en sus frentes” (Ángeles Caso, Contra el viento, pág: 72).
“Contra el viento”, está escrito en un lenguaje sencillo, no académico, lleno de poesía y de imágenes dolorosas, las imágenes de las mujeres olvidadas, invisibles. No obstante, gracias a ellas muchas de nosotras hemos podido superarnos en este mundo dominado por los hombres. Ellas nos han ayudado con el cuidado de nuestros hijos, para que nosotras podamos trabajar, escribir, viajar. Su renuncia y sumisión han contribuido para que perseveremos en nuestra carrera loca hacia el éxito. Pero también es la historia de la amistad sin límites que se establece entre dos mujeres de culturas diferentes; en este caso preciso entre Zao y la autora del libro. Y traigo a colación este dato ya que Zao existe. Ella conoció a Ángeles Caso cuando fue a solicitarle trabajo como empleada doméstica. Es por ello que en las declaraciones que Caso dio el día de la entrega del Premio Planeta, dijo que la mitad del dinero ganado era para ella; ya que era consciente que Zao sólo le había prestado su propia historia, la historia de la migración y del exilio.
CASO, Ángeles. Contra el viento. Editorial Planeta, 2009. 267 páginas
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