Alvaro Mendiola, miembro de una rica familia de ideas conservadoras, exiliado voluntariamente a París en 1953, hastiado por la realidad española de la posguerra, regresa a Barcelona para una breve estancia en 1963, acompañado de Dolores, su mujer.
En la finca de la familia, cercana a la ciudad, intenta, durante cinco días, a través de una alternancia del presente y rememoraciones del pasado familiar y personal, encontrar sus raíces y reconstruir la vinculación con un país y una cultura, terminando en la conciencia desoladora de su desarraigo.
El capítulo VIII se desarrolla en la Cuba castrista, donde Alvaro, descendiente de ricos indianos, muestra su entusiasmo por la revolución, mientras el IX y último está formado por un monólogo lírico que describe Barcelona vista desde el Tibidabo. La novela, que integra la búsqueda interior con el testimonio crítico, es, en parte, reflejo autobiográfico del propio autor.

