Obra del español Ignacio de Luzán Claramunt de Suelve y Gurrea (1702-1754), entre los académicos de Palermo, «Egidio Menalippo». El título completo, según se lee en la edición príncipe (Zaragoza, 1737) es, La Poética, o reglas de la Poesía en general y de sus principales especies.
En la aprobación, estampada en la cabecera de la obra, declara el censor haber leído aquel volumen con especial atención y hasta con admiración, porque está escrito «para confirmar y explicar la doctrina aristotélica y para ilustrar a la vez los felices resultados de los escritores que han observado sus reglas y los defectos de quienes las han ignorado o despreciado». La obra está dividida en cuatro libros que tratan: el primero, del origen, desenvolvimiento y esencia de la poesía; el segundo, de la utilidad y el goce de la poesía; el tercero, de la tragedia, comedia y otras poesías dramáticas; el cuarto, del poema épico.
La primera edición consta de quinientas tres páginas en cuarto mayor, y en ella desarrolla el autor la doctrina poética de Aristóteles, que ha sido siempre — dice — la norma más venerada por los buenos poetas. El filósofo griego, por otra parte, constituye sólo la fuente de inspiración remota; la fuente próxima es Boileau, al que Luzán sigue muy de cerca! Hombre de gran cultura y que había realizado muchos viajes en numerosas misiones diplomáticas, conocía profundamente a los poetas y a los tratadistas italianos y franceses. La Poética de Luzán es el código de todos los escritores neoclásicos españoles del siglo XVIII, que reaccionan contra la libertad proclamada por los dramaturgos españoles del Siglo de Oro, y en particular por Lope de Vega, contra las reglas de las unidades aristotélicas.
Las unidades de lugar, de tiempo y de acción, que constituían norma y principio, fueron olvidadas por los grandes escritores clásicos españoles, aunque no osaron combatirlas en el terreno doctrinal; el mismo Lope de Vega en su Arte nuevo de hacer comedias (v.) se defiende declarando que se siente obligado a obedecer a los deseos del público, aun sabiendo que comete una grave falta contra las «reglas». Del Arte nuevo dice Luzán que es un «libro cuyos fundamentos y principios se oponen directamente a la razón y a las reglas de Aristóteles». Preceptista rigidísimo, Luzán se refiere siempre a ejemplos italianos.
Conoce hasta los autores menores y los cita a menudo. Dedica el capítulo XI del libro III a discutir si se pueden escribir comedias en prosa, cuando no hay duda de que la tragedia debe escribirse en verso. Para conceder que puede usarse la prosa en la comedia, se refiere al ejemplo de Italia, diciendo que existen no pocas y bien escritas en prosa: todas las de Nicola Amenta, las de Ottavio Disa y Giambattista Della Porta e incluso de otros autores italianos. Entre los franceses, cita a este propósito sólo a Molière, lo que permite deducir que su cultura era preferentemente italiana. Luzán, por otra parte, no se muestra tan falto de comprensión hacia los autores españoles como algunos tratadistas del siglo XVIII, que calificaron a Lope de Vega y a Calderón de «bárbaros», y declararon, por ejemplo, que en El tejedor de Segovia (v.) de Alarcón no hay más que «despropósitos representados».
La actitud de Luzán es más serena. Reconoce la grandeza de los poetas dramáticos españoles, limitándose a lamentar que hayan olvidado los principios y las normas, perjudicando así — según su sentir — la belleza de sus obras. Después de haber señalado que la tragedia debería tratar solamente de los triunfos y fracasos de los personajes célebres como reyes, héroes, capitanes, etc., mientras que la comedia introduce damas, caballeros, burgueses, lacayos, servidores, etc., reprocha a Lope haber escrito comedias como Obras son amores, en la que resulta bufo ver a un rey de Hungría admitir a su presencia al escudero y hasta el cochero de una señora de la burguesía.
La Poética de Luzán es para nosotros el índice más significativo de la mentalidad dominante en las esferas doctas y eruditas en el siglo XVIII español, y constituye la obra más considerable que en este género se escribió en España en aquel siglo. Su valor es puramente histórico.
N. González-Ruiz

