Poética, Francisco de Martínez de la Rosa.

Tra­tado de preceptiva literaria de Francisco Martínez de la Rosa (1787-1863), en seis cantos y en verso (recurso mnemotécnico), publicado en 1828.

Siguiendo el ejemplo de Boileau, en la lengua castellana, pretende dar una serie de normas retóricas. Para su misión la Poética aludirá tan sólo a autores clásicos y españoles, de manera que nazca en el lector admiración por ellos. Partiendo de un peculiar concepto de la inquietud poética («Si el noble anhelo de la eterna fama…»), se ofrece a orientar a los jóve­nes, para que, excesivamente confiados en sus propias dotes, no sucumban como Ícaro («Temed, antes temblad, una es la senda»).

Verdaderamente la buena poesía nace de la conjugación de disposiciones innatas y de perfecciones adquiridas: de la fantasía, el ingenio creador, el buen gusto, la uni­dad, la proporción, la propiedad, la varie­dad. El poeta debe imitar a la Naturaleza pero no de manera servil. En cuanto a la expresión debe seguirse el camino de’ la sencillez («La expresión que no es clara, nunca es bella»), sin recurrir a palabras artificiosas. El tiempo, criba inexorable, ha desechado a los supuestos portentos del tiempo de Góngora, y ha revalorizado a Fray Luis de León, modelo de claridades. En versificación, «el único juez es el oído».

Y a él es preciso que atienda el poeta, a fin de lograr la cadencia, la armonía, la melodía… Conceptos todos ellos analizados por M. de la Rosa, así como los de la índole propia de varias composiciones: égloga, ele­gía, oda sublime, la airosa letrilla, el ro­mance, el soneto, el madrigal, el apólogo… En cuanto a la Tragedia y la Comedia, pre­coniza la necesidad de las tres unidades («Una, grande, completa, interesante, la ac­ción trágica sea»), e interpreta el binomio aristotélico «Temor y Piedad», en un sen­tido bien diferente del que Lessing ponía a la cabecera de la comedia burguesa ale­mana.

En M. de la Rosa, el temor y la piedad surgen no de la proximidad emotiva y social, sino de la admiración por una vida y un destino superior. Termina el libro con unas indicaciones acerca de la Epopeya, no aconsejable a los jóvenes por su difícil sín­tesis: «Simple en el plan, en su adornos varia», como lo consiguió Homero.

R. Jordana