Poesías, Fray Luis de León

La obra poética del gran clásico español Fray Luis de León (1527-1591) está constituida por un breve número de composiciones. Estas com­posiciones, que según propia confesión del poeta en la dedicatoria a don Pedro de Portocarrero, su amigo y protector, son «obrecillas» que se le «cayeron de entre las manos» durante «las ocupaciones de mis estudios en mi mocedad, y casi en mi ni­ñez», constituyen una de las cimas más altas de la poesía española de todos los tiempos por su elegancia, sencillez y so­briedad unidas a un gran sentido del idio­ma y del metro español, lo que dio lugar a que Menéndez Pelayo calificara de «Hora­cio español» al autor.

Las obras poéticas del maestro Fray Luis adquirieron fama y die­ron renombre inmortal a su autor a partir de la edición que de ellas dio a conocer Quevedo. El valor literario de la obra y los problemas de la transmisión de textos han atraído la atención de numerosos inves­tigadores y críticos, entre los que conviene destacar al P. Blanco García, Coster, el P. Llobera, Getino, Besalú, Bell, Menéndez Pelayo, Vossler, Menéndez Pidal, Entwistle, Federico de Onís, Dámaso Alonso, etc. Re­cientemente, el P. Angel C. Vega nos ha dado una edición crítica de la obra de Fray Luis (Madrid, 1955), poniendo orden a la inmensa selva de problemas de atribución, de fecha, de lectura, etc.

Según este inves­tigador deben ser tenidas como obras poé­ticas auténticas, en el sentido de total crea­ción, del maestro salmantino las siguientes poesías, que enunciamos con el primer ver­so, dando entre paréntesis su título o títu­los correspondientes: ¡Qué descansada vida! («Vida retirada», «Vida del campo», «Vida solitaria», «A la soledad del campo»); Vir­tud, hija del cielo («A don Pedro Portocarrero»); El aire se serena («A Francisco Sa­linas, Catedrático de Música de la Univer­sidad de Salamanca»); Inspira nuevo canto («En el nacimiento de doña Tomasina, hija del marqués de Alcañices, don Álvaro de Borja, y de doña Elvira Enríquez»); En vano el mar fatiga («A Felipe Ruiz»); Elisa, ya el preciado («De la Magdalena.

A una señora pasada la mocedad»); Folgaba el Rey Rodrigo («Profecía del Tajo»); Cuando con­templo el cielo («Noche serena»); No te en­gañe el dorado («Las serenas»); ¿Cuándo será que pueda…? («A Felipe Ruiz»); Recoge ya en el seno («Al licenciado Grial»); ¿Qué vale cuanto veo…? («A Felipe Ruiz. Del moderado y constante»); La cana y alta cumbre («A don Pedro Portocarrero. Au­sente»); Aunque en ricos montones («Con­tra un juez avaro»); ¡Huid, contentos, de mi triste pecho! («Esperanzas burladas»); No siempre es poderosa («A don Pedro Porto- carrero»); ¡Oh ya seguro puerto…! («Des­canso después de la tempestad»); Alma re­gión luciente («Morada del cielo»); ¿Y de­jas, Pastor santo…? («En la Ascensión»); ¿Qué santo o qué gloriosa…? («En la fiesta de Todos los Santos»); Las selvas conmo­viera («A Santiago»); Virgen que el sol más pura («A Nuestra Señora»); Aquí la envidia y mentira («Al salir de la cárcel»); Vuestra tirana exención («Imitación de di­versos»); el grupo de imitaciones toscanas, de las que forman parte, además de Virgen que el sol más pura, Mi trabajoso día («Imitación del Petrarca»); Ardí, y no solamente la verdura («De Joan de la Casa»); ¡Señor! Aquel amor por quien forzado («Del Bem­bo»); los sonetos también de imitación petrarquesca: Amor casi de un vuelo me ha encumbrado; Alargo, enfermo, el paso, y vuelvo, cuando; Agora con la aurora se levanta y ¡Oh, cortesía! ¡Oh, dulce acogi­miento!; las imitaciones de Horacio: No siempre descendiendo («Imitación de la oda IX de Horacio Non semper») y Al canto y lira mía («Imitación de la oda XII, Nolis, libro segundo de Horacio»).

Prescindimos de las traducciones en verso, porque respon­den en el autor a otra intención. En la poesía, como en la obra toda del poeta, se funden, casi por igual, tres culturas o co­rrientes : la judaica, la cristiana y la pagana. Ello condujo a Menéndez Pelayo a estable­cer tres épocas dentro de la producción poética de Fray Luis correspondientes a la imitación italiana (que sería el primer pe­ríodo del poeta), las traducciones del griego y del latín, las del hebreo después, y final­mente el período de la creación original. Esta división fue atacada por otros inves­tigadores, por los problemas y contradic­ciones que suscitaba para el establecimiento de la cronología.

El gran polígrafo español atendió casi exclusivamente a la influencia horaciana; la de los Santos Padres ha sido después oportunamente destacada, especial­mente su perfecto sentido de adaptación de la Biblia al igual que en el caso de los clásicos de acuerdo con sus palabras: «Pro­curé, cuanto pude, imitar la sencillez de su fuente y un sabor de antigüedad que en* sí tienen, lleno a mi parecer de dulzura y majestad». El fondo de la poesía del maes­tro de Salamanca, lo forma una concep­ción esencialmente platonicoagustiniana del arte y de la poesía.

Veamos en qué tér­minos se expresa el poeta acerca del origen divino de la poesía y su posterior corrup­ción, en los Nombres de Cristo: «La poesía corrompe, porque sin duda la inspiró Dios en los ánimos de los hombres para con el movimiento y spíritu della levantarlos al cielo, de donde ella procede; porque poesía no es sino una comunicación del aliento celestial y divino; y assí, en los profetas cuasi todos, assí los que fueron movidos verdaderamente por Dios, como los que inci­tados por otras causas sobrehumanas habla­ron, el mismo spíritu que los despertava y levantava a ver lo que los otros hombres no vían, les ordenava y componía y como metrificava en la boca las palabras, con número y consonancia devida, para que hablasen por más subida manera que las otras gentes hablavan, y para que el estilo del dezir se assemejasse al sentir, y las palabras y las cosas fuesen conformes.

Así, que corrompen esta sanctidad, y corrom­pen también, lo que es mayor mal, las sanctas costumbres; porque los vicios y las tor­pezas, dissimuladas y enmeladas con el so­nido dulce y artificioso del verso, recíbense en los oydos con mejor gana, y dellos pasan al ánimo, que de suyo no es bueno, y lán­zase en él poderosíssimamente; y hechas señoras del y desterrando de allí todo buen sentido y respeto, corrómpelo, y muchas vezes sin que el mismo que es corrompido lo sepa». El metro empleado por Fray Luis de León es la lira, cuyo éxito después de haberlo utilizado Garcilaso en A la flor de Gnido, ha sido estudiado por Dámaso Alon­so.

Este ilustre crítico entiende que la for­tuna de la lira significa una reacción contra la estrofa petrarquesca: ésta se prestaba a la digresión sin fin, como una avenida de palabras y de conceptos; partía de un «tem­po lento», de un «desarrollo amplio»; «la lira, en cambio — agrega —, es una constante advertencia al refreno, una invitación a la poda de todo lo eliminable. La lira, con sus cinco versos, no permite los largos engarces sintácticos: la frase se hace enjuta, cen­ceña, y el verso tiende a concentrarse, a nutrirse, apretándose de materia significa­tiva». Bernardo Tasso, su inventor, con este y otros ensayos métricos, no buscaba otra cosa sino unas formas «aptas para las rápidas transiciones horacianas». Y éste era precisamente el metro que convenía a Fray Luis, que lo usó en casi todas sus compo­siciones.

La temática de la poesía de nues­tro autor pertenece enteramente a la tradi­ción clasicorenacentista. Azorín ha desta­cado algunos de los temas más importantes: el del mar (usado como metáfora para re­presentar la existencia en el mundo), el tiempo, los moriscos, el pesimismo, la aten­ción a los problemas de la época y espe­cialmente la personalización de la natura­leza y de sus elementos (así, por ejemplo, dice a las estrellas: «Mostrad vuestra alegría/en esta oscuridad centelleando»); pero a pesar de que el maestro del 98, conforme a su manera de entender los clásicos, haya querido señalar lo más particular de la poesía de Fray Luis, algunos de estos temas pertenecen a los tópicos de la época.

Todos los códices de la poesía leonina se abren con la famosa oda «¡Qué descansada vida…!», que fue erróneamente interpretada como alusiva al retiro del emperador Carlos I en el monasterio de Yuste. Este poema, que exalta la vida del campo, siguiendo el tópico del menosprecio de la corte y ala­banza de la aldea, tiene una influencia, como es lógico, del Beatus ille de Horacio: el poeta huye del mundo (todo él un mar tem­pestuoso) y de sus halagos (el poder = «de los soberbios grandes el estado», las rique­zas = el «dorado tedio», y la fama = el «vano dedo»). A ellos opone el poeta la paz y soledad de su refugio, donde llega «casi roto el navío» a causa de navegar por ,el «mar tempestuoso». El refugio, a su vez, adquiere varias representaciones: el «locus amoenus» («¡Oh monte, oh fuente, oh río,/ oh secreto seguro deleitoso», adonde se llega por «la escondida senda»); la vida ordenada («Un no rompido sueño,/un día puro, ale­gre, libre, quiero»); la paz («…una pobre- cilla/mesa de amable paz bien abastada»).

Pero su mejor representación es el huerto deleitoso, obra de la propia mano del poeta, que ha encontrado placer en su cultivo, y que incluye todas las otras represen­taciones: «Del monte en la ladera/por mi mano plantado tengo un huerto,/que con la primavera/de bella flor cubierto/ya mues­tra en esperanza el fruto cierto». Según algunos críticos, este huerto es una descrip­ción de la huerta de la Flecha junto al Tormes, por sus semejanzas con la descripción que de ésta hace en la dedicatoria de los Nombres de Cristo. Ahora bien, toda ella (la «fontana pura», su paso entre los árboles, la brisa, etc.) responde a las fórmulas de descripción del lugar deleitoso. Lo curioso de esta composición — y del resto de la pro­ducción poética leonina — es que el tópico aparece siempre salvado por su fuerza de sinceridad y por su pureza de dicción.

Acerca de su fecha de composición, Coster la creyó alusiva al retiro de Carlos I; Menéndez Pelayo la incluye dentro de las primeras producciones; Federico de Onís la considera producto de varias redacciones; Entwistie la fecha después de la prisión; el P. Llobera en 1578 y el P. Vega dice que pertenece al período anterior a la cár­cel. — Virtud, hija del cielo, escrita después de 1570, oda dedicada a Portocarrero, quizá con motivo de su nombramiento de Regen­te del Consejo del Gobierno de Galicia, lo que da pie al poeta para compararlo con Alcides, el Cid, el Gran Capitán; respira toda ella un equilibrio y está dirigida a ensalzar el valor moral del amigo y pro­tector: «Del vulgo se descuesta;/hollando sobre el oro, firme, aspira/a lo alto de la cuesta;/ni violencia de ira,/ni dulce y blan­do engaño le retira»). — El aire se serena, una de las composiciones señeras de Fray Luis.

Empieza por describirnos el maravi­lloso efecto de la música: «El aire se sere­na/y viste de hermosura y luz no usada,/ Salinas, cuando suena/la música extrema­da, /por vuestra sabia mano gobernada»; su poder purificador y espiritualizador: «en suerte y pensamientos se mejora;/el oro desconoce,/que el vulgo ciego adora»; la música eleva el alma y le hace traspasar «el aire todo/hasta llegar a la más alta es­fera»; y en ella oye «otro modo/de no perecedera/música, que es de todas la pri­mera». La música ha conducido al alma hasta su origen, teoría ésta de fuente pla­tónica, como tantas veces se ha señalado. Y es entonces cuando surge la imagen de Dios como un gran músico aplicado a su instrumento, que es la creación: «Ve cómo el gran maestro,/aquesta inmensa cítara aplicado,/con movimiento diestro/produce el son sagrado,/con que este eterno tem­plo es sustentado»: es ya la armonía uni­versal, brotando de las manos de Dios.

Y esto no es sólo una visión metafórica, sino toda una teoría cosmológica, procedente de la doctrina platonicoagustiniana. La falta de esta estrofa en algunos códices hizo que fuera juzgada como apócrifa por el P. Llobera, seguramente porque la vio desmesurada («carece — decía — del gusto nunca desmentido y de la gracia siempre ática del divino vate»), pero ha sido rei­vindicada crítica y literariamente por el P. Vega y sus fuentes, procedentes de San Agustín y de San Buenaventura («que en­tienden la armonía, del universo como el gran canto de un músico inefable: «Velut magnum carmen cuiusdam ineffabilis modulatoris») han sido estudiadas por Curtius y Dámaso Alonso. Como fuentes gene­rales del poema se han señalado Pitágoras, Aristóteles y el Sueño de Escipión, además de la tradición platónica y patrística.

Al­gunos críticos creen que acusa la influencia del tratado De música libri septem de Sa­linas, a quien va dedicada, y que fue publi­cado en 1577; el P. Vega, con argumentos bastante razonables, sostiene que fue escri­to antes de la prisión del poeta.-— Inspira nuevo canto: dedicada a celebrar el naci­miento de la hija de los marqueses de Alcañices (1569), responde al grupo de poe­mas de influencia clásica y está llena de imágenes y referencias mitológicas, ensal­zando a la recién nacida y a su familia («Ilustre y tierna planta,/gozo del claro tronco generosa»). — En vano el mar fati­ga y Qué vale cuanto veo: dos odas de época incierta, que desarrollan la doctrina estoica, tan cara al maestro de Salamanca, versiones libres de Nullus argento y de Justum et tenacem de Horacio. — Elisa, ya el preciado: oda dedicada a mostrar los efectos del tiempo sobre la hermosura físi­ca de la dama renacentista, simbolizando su antiguo esplendor con el tópico del «ca­bello, que del oro escarnio hacía» y la si­tuación actual en la nieve que se ha acu­mulado sobre él.

El poeta extrae la mora­leja del «collige rosas» pero en el sentido cristiano, invitando a la dama al arrepen­timiento y a la contrición. Debe fecharse entre 1570-1571. — Folgaba el rey Rodrigo: oda en la que habla el Tajo pronosticando a don Rodrigo, que estaba en su ribera gozando de la Caba, los desastres que por su culpa sobrevendrían a España. Fue com­puesta seguramente hacia 1570 y es una imitación de El vaticinio de Nereo de Ho­racio (Pastor cum traheret, titulada Nerei vaticinium de excidio Trojae, del Carminum líber, I, XV); las relaciones entre el poema latino y el castellano han sido estu­diadas por Dámaso Alonso.

Se caracteriza por sus curiosos recursos estilísticos al des­cribir la entrada de los moros en España.— Cuando contemplo el cielo: desarrolla el tema de la contempláción del cielo, que encontramos también en la Exposición del libro de Job y en los Nombres de Crisrto, y los efectos que produce en el alma en­nobleciéndola y volviéndola a su origen, pues el alma está hecha para vivir en aque­llas alturas, en aquella pureza, donde «res-plandece/clarísima luz pura» y «eterna pri­mavera aquí florece»: «¡Oh, campos ver­daderos!/ ¡Oh, prados con verdad dulces y amenos!». Se ha discutido acerca de sus fuentes (el Sueño de Escipión, Fray Lui? de Granada, su propia afición a la astro­nomía, etc.). Seguramente fue escrita du­rante los años de cárcel o poco después de salir. — No te engañe el dorado: titulada «Las sirenas a Querinto», se supone que este nombre de Querinto está formado por dos palabras griegas, una de las cuales sig­nifica flor y la otra cera: la primera alu­de a los encantos del mundo y la segun­da al cuidado y diligencia en evitar las tentaciones, como hizo el prudente Ulises.

Sus fuentes son la Odisea y el De rerum natura, y su fecha anterior a la prisión del poeta. — ¿Cuándo será que pueda…?: oda de contenido místico, que simboliza la as­censión del alma a las moradas del cielo; el poeta expresa sus ansias vehementes de remontarse a las más altas esferas, donde están «las moradas de oro y luz labradas». Allí verá el origen de todo: «Veré las in­mortales/columnas do la tierra está funda­da»; el origen de todo: «por qué tiembla la tierra», «dó sale a mover guerra/el cier­zo», «de dó manan las fuentes», «quién ceba y quién bastece los ríos,/las perpetuas corrientes», los rayos, la nieve, «las causas de los hados, las señales» «y por qué el in­vierno/tan presuroso viene,/y por qué en las noches largas se detiene».

En estas ci­mas tendrá lugar el conocimiento místico: «lo que es y lo que ha sido,/y su principio propio y escondido». La crítica ha tribu­tado a esta oda los máximos elogios. El P. Vega cree que pertenece al período de la cárcel. Sus fuentes son: Lucrecio, Luis Vives, Propercio, el Sueño de Escipión, el salmo XXVI y el Libro de Job.Recoge ya en el seno, dedicada al amigo del poeta y de Portocarrero, Juan de Grial. Por su tristeza y desaliento, el P. Vega cree que debe fecharse en 1571. — La cana y alta cumbre: oda escrita con motivo de la heri­da recibida por don Alfonso Portocarrero en la guerra morisca de la Alpujarra. El poeta lo aprovecha para dirigir elogios al hermano Pedro, su protector. — Aunque en ricos montones: dirigida a un juez avaro, se habla del vicio de la avaricia en el hom­bre y es una imitación de Non ebur y del Intactis opulentior de Horacio.

Acusa tam­bién influencias del Libro de Job. Su fecha de composición debe situarse antes de salir de la prisión. — Huid, contentos, de mi triste pecho: poema escrito en 1575 en la cárcel y alusivo a su situación, y en el que exalta el valor de la libertad. — No siempre es poderosa: canto por el triunfo de su ino­cencia. El poeta compara los esfuerzos de sus enemigos a los de los titanes contra Júpiter. Compuesto al poco tiempo de salir de la cárcel; bajo algunas de sus duras ad­jetivaciones los críticos han visto alusiones personales a enemigos del maestro salman­tino.— ¡Oh ya seguro puerto…!: desarrolla una temática parecida a la de ¡Qué descan­sada vida…!: el deseo de vivir en la soledad de las sierras «do está más sereno/el aire»; fue escrita seguramente en los últimos tiempos de prisión. — Alma región luciente: ésta es quizá la oda de carácter místico más acentuada y tiene relación con los Nombres de Cristo.

Como en otras odas, Fray Luis exalta la visión de la patria celestial, a la que llama «prado de bienan­danza». Todo el mundo de la poesía bucó­lica se ha convertido en un paisaje celes­tial: el prado es el cielo, el pastor es Cristo y las ovejas son almas: «De púrpura y de nieve/florida, la cabeza coronado,/a dulces pastos mueve,/sin honda ni cayado,/el Buen Pastor…»; junto a él las «dichosas ovejas», que Él «las pace/con inmortales rosas» y es Él mismo su «pastor y pasto». Fue es­crito entre 1583 y 1585. — ¿Y dejas, Pastor santo…?: escrita en la cárcel el día de la Ascensión de 1575, el poeta vuelve de nuevo a la imagen del pastor y de las ovejas y a la soledad y tristeza en que éstas quedan; la Ascensión del Señor es comparada al abandono del pastor: «¿Y dejas, Pastor santo, /tu grey en este valle hondo, oscuro,/con soledad y llanto,/y tú, rompiendo el puro/ aire, te vas al inmortal seguro?»; y la soledad final: «¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!».

Los críticos se han extrañado de que una solemnidad como la de la As­censión del Señor, que es motivo de júbilo para la Iglesia, sea causa de tristeza en nuestro poeta. Pero él nos expresa segura­mente en esta composición el dolor por su ausencia de las altas esferas donde siempre ha deseado vivir y donde en esta festividad sube el Amado. De esta oda se han conservado en bastantes manuscritos dos redacciones, una de las cuales contiene cuatro estrofas más. — Qué santo o qué glo­riosa: poema en el que se distinguen neta­mente dos partes: la primera es una clara imitación del Quem virum aut heroa de Horacio, sustituyendo los dioses y héroes por Cristo, la Virgen y los santos; la se­gunda parte tiene más bien un tono de oración, que puede ser entendido como referente, a su situación en las cárceles de la Inquisición. — Las selvas conmoviera: poema que debe fecharse hacia 1570, alusivo a la expulsión de la morisma de España, coincidente con el tema de Folgaba el rey Rodrigo; Santiago es el promotor de la huida de los moros.— Virgen que el sol más pura: canción de intercesión a la Virgen, escrita durante su estancia en la prisión, imitada de la famosa canción de Petrarca Vergine bella, che di sol vestita.

Como en la composición del poeta toscano, Fray Luis inicia cada estrofa con una alabanza, a la que sigue después una deprecación. Los ruegos son alusivos a su encarcelamiento: «quiebre, Reina del cielo, esta cadena», «Tu luz, alta Señora,/venza esta ciega y triste noche mía»; implora tiernamente su sentimiento de madre, su poder de mediadora, etc. — Aquí la envidia y mentira: según dicen los manuscritos, esta famosa décima la escribió el poeta, al salir de la cárcel, con un carbón en la pared. Ello ha dado pie a que se dudara de su autenticidad. En ella exalta el poeta la vida retirada, en lo que coincide temáticamente con ; Qué descansada vida…!Vuestra tirana exención: composición escrita en antiguo metro español, que trata de la esquivez amorosa. A pesar de su forma, fue escrita en los últimos años del poeta, y los temas que en ella aparecen son todos de carácter rena­centista. La poesía de Fray Luis se carac­teriza toda por la calidad de su estilo, por tratar los tópicos levemente, sólo lo indis­pensable para enmarcar brevemente su es­tado de alma y sus sentimientos.

Menéndez Pidal ha destacado su «arte acendradlo», su forma de hablar en romance como si el español fuera una lengua clásica, su lenguaje vivo, la precisión de las parejas de adjetivos. La calidad toda de su poesía casi puede definirse con las palabras del Libro de Job: «de su corazón sacarán las palabras». Por ello le elogiaron Cervantes y Lope, y todavía hoy sus poemas nos con­suelan. La poesía de Fray Luis ha sido tra­ducida al francés, alemán, inglés e italiano.

A. Comas

Nunca la inspiración lírica subió entre nosotros a tan alto punto que en la escuela salmantina; ni conozco poeta peninsular comparable a Fray Luis de León en este género. Él realizó la unión de la forma clásica con el espíritu nuevo, presentida, mas no alcanzada por otros ingenios del Renacimiento. Sus dotes geniales eran gran­des, su gesto purísimo. (Menéndez Pelayo)

¿Habrá algún poeta, antiguo o moderno, más henchido que Fray Luis de los gran­des problemas del espíritu? Ninguno. Fray Luis, inquieto, nervioso, ardiente, se nos muestra hondamente preocupado por el pro­blema del tiempo, del conocimiento de la constitución del mundo; él quisiera saber «lo que es y lo que ha sido, y su principio propio y escondido»; él desea conocer «lo que es, lo que será, lo que ha pasado»; él, finalmente, desearía remontarse al cielo, al empíreo, y ver qué secreta y maravillosa sustentación tienen los orbes y las cosas. (Azorín)

Representa un mundo intelectual y sere­no aparte de la tradición formal española y que, volviendo a nuestros días, podría suge­rimos, con todas sus diferencias, la poesía de un Valéry y un Guillén. (Valbuena Prat)

Porque Fray Luis es eso: Renacimiento español en su riqueza de elementos, en su variedad, en su individualidad; nada más que eso. Y cuando nos pregunten si existe el Renacimiento español, podremos contes­tar: existe por estas, esas o aquellas razo­nes. .. O, simplemente, por esto: porque exis­te Fray Luis. (Dámaso Alonso)