Las poesías del neogriego Constantino Cavafis (1863-1933), publicadas en hojas dispersas y volanderas, fueron cronológicamente ordenadas en una colección póstuma (1935), a las que se añadieron las aparecidas en revistas («Nea Grámmata»), El poeta traduce en ellas un mundo cerrado, dominado por temas fatalistas (hundimientos, caducidad) apenas rozados por ternuras afectivas y elegiacas, y además sumergido en un cruel heroísmo que atraviesa fieramente tal sombrío destino con seguras derrotas. Entre muros de destierro, asocial, Cavafis evoca fantasmas de macerantes pasiones; la vida de la carne domina y enciende la inspiración.
En el mismo dominio de la historia, al que se remontan a menudo sus inspiraciones, se muestra más fecundo en poesía el recuerdo y casi el sentido de épocas dominadas por las pasiones; Cavafis exalta ideales y fuerzas y entusiasmos del mundo griego, pero se aviene más con el helenismo (vida de las grandes metrópolis, figuras de monarcas, sabios, gente perdida, disipaciones arriesgadas de los sentidos), o con los equívocos bizantinos (esplendores de piedad, morbosas lujurias); sobresalen figuras efébicas: Cesarión, Nerón. Su poesía es peculiar desde el punto de vista formal por el uso audaz de un lenguaje personalísimo (junto a formas, más numerosas, de «catherévusa», aparecen extremismos populares), por el aparente prosaísmo del estilo, mantenido muy a menudo en una especie de desprendida objetividad, incapaz de énfasis así como de retórica, más cercano al árido hielo que al «trémolo» y la agitación, de una métrica a menudo ajena a las formas estrictas y regulares preferidas por los griegos.
Un examen agudo y minucioso de tales procedimientos expresivos puede casi siempre descubrir el sentido y el valor poético, permitiendo excluir lo arbitrario y rechazar las acusaciones de sus detractores (Cavafis es el más discutido aún de los poetas neogriegos). En medio de un compacto grupo de poesías narrativas inspiradas en la historia, escudriñada con curiosidad (la investigación acerca de sus «fuentes» es instructiva), a veces prosaicas y despojadas de todo fervor y, por otra parte, numerosas poesías epigramáticas, en las que reverdece la tradición de la Antología, lúcidos marmolitos labrados, evocadores de un mundo enrarecido, el poeta halla sus verdaderos tonos en las piezas evocativas y contemplativas, en que se libera de los defectos aquí y allá presentes (insulseces, redundancias, virtuosismos, crudeza, desequilibrios rítmicos) por la ión lírica más densa y a la vez más pura.
Súbitos relámpagos, éxtasis suspirantes, distensiones contemplativas, hallan plenitud expresiva en cantos siempre densos y como frenados, pero penetrados de interiores vibraciones, en los sonidos, en las pausas, en la trama melódica y rítmica. Las poesías más notables de su obra son: «Voces», «Vuelve», «Lejos», «Gris», «Recuerda, cuerpo», «Bajo la casa», «Después de las nueve»; pero, por otra parte, señalemos composiciones de más vasto aliento como «La ciudad», y entre las poesías de inspiración histórica, «El abandono a Dios», «Cesarión». Una extremada expresión de pasión sensual la tenemos en la poesía «El año 25 de su vida».
F. M.a Pontani

