Bajo el nombre de este trovador, los cancioneros nos han conservado nueve composiciones, si bien una de ellas no puede ser de ninguna manera de Cercamón y la atribución de otra es muy discutida. Quedan siete poesías, cuyo interés estriba especialmente en el carácter arcaico de su técnica, carácter que ya observó el antiguo biógrafo que de Cercamón dice que fue juglar y compuso «vers» a la manera antigua; y añade que estuvo mucho tiempo con Marcabrú, del que aprendió a «trovar».
Efectivamente, Cercamón es uno de los trovadores más antiguos; su actividad hay que situarla entre 1135 y 1145. En las poesías amorosas de nuestro poeta encontramos todos los motivos de la lírica cortés (v. Poesías de Guilhem de Peitieu), y, a veces, también acentos encendidos y sensuales («no puedo aguantar largo rato sin besarla y sin verla junto a mí desnuda…»). Son notables algunos «exordios», no todos «primaverales», según la costumbre trovadoresca, sino, a veces, otoñales e invernales: «Cuando el dulce aire se hace amargo y la hoja cae de la rama y los pájaros cambian su canto…»; «Ahora que empieza a anochecer y las ramas están desnudas de hojas y del sol veo los rayos tan bajos que los días son oscuros y tenebrosos…».
Dos de los «vers» de Cercamón son «sirventés» morales y religiosos en que el poeta recuerda temas característicos de su maestro Marcabrú: «Mal conviene a los hombres casados ser mujeriegos; la compensación que pueden sacar de ello lo dice el refrán: quien a hierro mata, a hierro muere». En el «planh» fúnebre por Guillermo X de Aquitania (m. 1137), el poeta repite los acostumbrados motivos de este género de composición: con Guillermo, proclama el poeta, murieron en el Poitou, Mérito y Libertad.
A. Viscardi

