En 1940 fueron recogidas las composiciones métricas de Antonio Gómez Restrepo (1867-1947), historiador de la literatura colombiana.
La colección comprende algunos libros aparecidos anteriormente, como Ecos perdidos (París, 1893, con prólogo de R. J. Cuervo) y Relicario (Roma, 1928), y poesías dispersas e inéditas hasta entonces. Con posterioridad a este volumen, Gómez Restrepo continuó hasta su muerte dictando versos, como aquellos, transidos de júbilo, que compuso al recobrar la vista, Resurrección (1944) . Su sentido crítico, desarrollado por la que fue su actividad dominante, y el gusto educado en amplias lecturas comunicáronle esas notas de contenida emoción y limpieza que, después de los iniciales brotes románticos, caracterizan toda su vena poética.
Serenas son su concepción del amor y su visión de los casos y cosas de la vida diaria: afectos familiares, religión, arte, amistad, viajes, encuentran amable acogida en los moldes de una versificación correcta, que logra los mejores aciertos en el soneto. El reclamo erudito estimula en él la inspiración: así en el «Viaje a Grecia» o «Ante la estatua de Marco Aurelio», muestras sugestivas de una poesía eminentemente culta, que se distingue también por el dominio de la forma y lo castizo del lenguaje. Su límite está en la ocasionalidad de muchas composiciones y en el relieve que alcanzan dentro de su producción las traducciones: admirable entre ellas la completa de los Cantos de Leopardi.
J. Rivas Sacconi

