Poesías, Diego González

La obra poética del autor español fray Diego González (1732-1794) fue publicada en Madrid en 1796: Poesías del M. F. Diego González del orden de San Agustín.

Dalas a la luz un amigo suyo. Este amigo suyo fue el P. Fray Fernández de Rojas, uno de los asistentes al cenáculo de Fray Diego González, que publicó las poesías desobedeciendo el man­dato del autor de que fueran quemadas des­pués de su muerte («Cuando se convenció de que su muerte estaba cercana, avivó su espíritu y procuró volver toda su atención a Dios y a la eternidad. Entonces le entró algún escrúpulo por causa de sus poesías, y habiéndolas juntado con varias cartas y papeles inútiles, me encargó que lo que­mara todo junto, sin advertirme nada») y nos dió en el prólogo que acompaña a la edición una serie de noticias interesantísi­mas. En su celda reunía Fray Diego Gonzá­lez a los poetas salmantinos de entonces: el P. Fernández de Rojas (el editor), Fray Andrés del Corral, Meléndez y seguramente Forner.

Todos usaban nombres supuestos y el de nuestro poeta era el de Delio. A su vez le unió gran amistad con Jovellanos. Toda la inspiración de Fray Diego es casi completamente erótica, debida a su pasión por Mirta y por Melisa, y de estos amores habla él en sus cartas especialmente del de la honestísima Mirta, de quien dice que le gusta su natural modestia. Esta dama fue la inspiradora de sus mejores composicio­nes: «Delio y Mirta», «El murciélago ale­voso», «Visiones de Delio», «Al río Gua- dalete», «El triunfo de Manzanares», «A Mirta ausente», etc.

En un segundo lugar quedan las composiciones dedicadas a Me­lisa, a Lisi y a Filis, si bien en muchas ocasiones aplica a éstas conceptos y situa­ciones idénticas a las que encontramos en las poesías dedicadas a Mirta. Los poetas que más influyeron en Fray Diego fueron Garcilaso y Fray Luis de León. Al primero imita especialmente cuando escribe poesía amorosa, si bien pronto cae en tonos dul­zones y lacrimosos y en prosaísmos, sin saber mantener el tono del comienzo de al­gunas composiciones («En la amorosa es­tancia, donde vivo/de todo humano trato retirado/planté no ha mucho tiempo Un tierno olivo»). En algunos momentos trata asuntos religiosos, si bien este tema, le era ajeno e impropio, como reconoció él mismo: «Pero aunque, a son sagrado/de la cítara mía/las cuerdas arreglaba,/y a veces las mudaba,/amores solamente respondía».

En los poemas religiosos y en los filosóficos se acusa una influencia de Fray Luis de León, influencia que, como la de Garcilaso, el poeta no sabe mantener. Completó la Exposición del libro de Job, y tradujo, imi­tando a Fray Luis, los salmos VIII y X, el Veni Creator, el Te Deum y el Magníficat, y estas traducciones son quizás lo mejor de su obra.

A. Comas