Pierre-Louis Moreau de Maupertuis

Nació en Saint-Malo el 17 de julio de 1698, en el seno de una familia de buenas tradi­ciones culturales, y murió en Basilea el 27 del mismo mes de 1759. Realizados los primeros estudios con el abate Coquard, ingresó en 1714 en el colegio de La Marche, de París, donde permaneció durante dos años, dedi­cado singularmente al estudio de las mate­máticas. Tras un viaje a Holanda entró en el brillante cuerpo de los mosqueteros grises, y poco después recibió el grado de lugarteniente en el regimiento de La Roche- Guyon. Mientras tanto, empero, seguía man­teniendo el contacto con los ambientes cultos y mundanos de la capital. En 1723 abandonó la carrera de las armas e ingresó en la Academia de Ciencias de París; se destacó entonces por algunos textos refe­rentes a cuestiones de Matemáticas y Física, en los cuales se mostraba partidario de Newton. En 1728 estuvo en Inglaterra, y al año siguiente en Basilea, donde ligó una sólida amistad con los Bernouilli. Diole ocasión de manifestarse la polémica enta­blada acerca de la configuración de la Tie­rra, que requirió la realización de ciertas mediciones en las cercanías del círculo po­lar. Con este objeto M. se dirigió a Suecia junto con Clairaut, Camus y Le Monnier, como jefe de la expedición.

Llegado a Tor­nea en julio de 1736, no sólo desarrolló con pleno éxito la misión que le había sido confiada, sino que además llevó a cabo otros muchos experimentos científicos, y ello con un celo que le costó la congelación parcial de las piernas. En 1737, luego de su triunfal regreso a París, donde fue recibido y cumplimentado incluso por el monarca, reunió los resultados de la expedición en el texto Sur la figure de la terre, de reso­nancia internacional. Y así, en 1740, Fede­rico II de Prusia invitóle junto a él; M. le siguió en la campaña de Silesia, y en Mollvitz cayó en poder de los austríacos, quie­nes pronto le enviaron a París en libertad. Sin embargo, el inquieto científico, miembro de la Academia Francesa desde 1743, no permaneció largo tiempo en la capital de Francia: en 1744, llamado otra vez por Fe­derico II, volvió a Berlín para organizar allí la Academia de la que fue nombrado presidente. En esta ciudad publicó algunas de sus obras principales: Essai de ‘philoso­phie morale (1749), Ensayo de cosmología (1750 v.), Examen philosophique de la preuve de l’existence de Dieu (1756).

Los últimos años de su vida, empero, se vieron amargados a causa de una violenta polé­mica desencadenada por el leibniziano Sa­muel König y en la que intervino Voltaire con ataques personales más bien violentos contra M.; ni aun la mediación de Fede­rico II logró apaciguar los ánimos. Grave­mente enfermo de tuberculosis, en 1756 hubo de regresar a Francia, de donde pasó luego a Basilea. Allí halló consuelo en la amistad de los Bernouilli, quienes le acom­pañaron hasta su muerte. Entre las obras restantes de M. cabe mencionar las memo­rias presentadas en 1732 a la Academia de Ciencias de París, Comentaire de la dou­zième section du premier livre des princi­pes de Newton, Sur les lois de l’attraction y Discours sur la figure des astres.

V. Verra