[Petite messe solennelle]. Composición musical para cuatro voces solistas y coro con acompañamiento de órgano y dos pianos de Gioacchino Rossini (1792-1868), compuesta entre 1863 y 1864 y estrenada en París en 1869.
Corresponde al último período de la actividad de Rossini, cuando ya, siendo su fama universal y retirado hacía tiempo del teatro, se inclinaba a la composición de obras no teatrales. Al pie del manuscrito de esta misa, que el autor llamó «petite» y los impresores «solennelle», se lee la siguiente y aguda notación: «Bon Dieu, là voilà terminée cette pauvre petite messe. Est-ce bien de la musique sacrée que je viens de faire, ou bien de la sacrée musique? J’étais né pour l’Opéra Bouffe, Tu le sais bien! Peu de science, un peu de coeur: tout est là. Sois donc Béni et accorde-moi le Paradis. G. Rossini-Passy, 1863». La construcción de la Pequeña misa solemne, amplia y variada, comprende partes de estilo severamente contrapuntístico, junto a momentos líricos, cantables, no carentes de efectos teatrales. Dividida en dos secciones, está formada de catorce partes.
Comienza con el «Kyrie», donde, en el cuarteto vocal acompañado por la orquesta, prevalece la voz de soprano con expresivas frases melódicas; en el centro hay un «canon» a cuatro voces, de estilo riguroso (sin acompañamiento), sobre las palabras «Christe eleison». Sigue el «Gloria»; al ataque grandioso de la orquesta sucede el de las voces; después, el «Laudamus», que se desenvuelve en una atmósfera poética con preguntas y respuestas de los solos, bajo una persistente fórmula de acordes. Después del «Gratias agimus» ataca el «Domine Deus», que es un aria para tenor, de carácter un tanto teatral. El «Qui tollis», en forma de dúo para soprano y contralto, procede casi siempre por terceras paralelas, desenvolviéndose sobre una triste línea melódica, acompañada ligeramente por un conjunto de dos arpas e instrumentos de cuerda.
Mientras el pasaje siguiente, el «Quoniam», es un aria para bajo más bien académica, el «Cum Sancto Spiritu» alcanza verdadera potencia expresiva; en forma de fuga, desenvuelve con solemne grandiosidad, conforme al estilo ortodoxo, en plena concomitancia de voces e instrumentos, este tema. La segunda parte comienza con el «Credo», formado por dos partes, la segunda de las cuales es un doble canon magistralmente conducido, pero defectuoso de expresión. El «Crucifixus» es, por el contrario, una melodía para soprano impregnada de poética tristeza; el acompañamiento tiene interesantes pasajes tonales sobre un diseño rítmico mantenido igual durante todo el trozo. Al «Resurrexit», imponente y magnífico, que después de reanudar el tema de la primera parte del «Credo», desenvuelve una grandiosa fuga sobre las palabras «Et vitam venturi saeculi. Amen». Sigue el «Ofertorio», interludio para órgano solo, notable por su sabia factura y por su vivo sentimiento poético.
El «Sanctus» para voces solas, rico de cálida musicalidad, y el «O salutaris Hostia» para contralto, preparan la atmósfera para la pieza final: el «Agnus Dei», en el que domina la voz del contralto solista, a la que hacen eco la trompa y el flébil susurro de la cuerda. Después del éxito enorme de la primera ejecución parisiense, que se ofreció en el palacio de la condesa Pille Will, la Pequeña misa solemne fue reconocida como una de las más poderosas manifestaciones del genio de Rossini; llegado a su plena conciencia estilística, tiene una fuerza de emoción interior recogida y serena, que ya anuncia en algunos momentos el decidido sentido dramático de sus obras más maduras.
M. Borsa

