[Penombre]. Colección de versos del italiano Emilio Praga (1839- 1875), publicada en 1864 en Milán, reimpresa en Turín en 1879 y en 1889, con adiciones y con el título Penumbras y transparencias.
El poeta se presenta aquí con mayores ambiciones y con una decidida actitud de rebelde, de «poète maudit», intérprete de toda una generación fatalmente enferma: «Somos hijos de padres enfermos,/águilas en tiempo de cambiar las plumas» [«Noi siamo figli dei padri ammalati,/Aquile al tempo di mutar le piume»]. A Baudelaire deben las Penumbras, con el satanismo que se ostenta en muchas de estas composiciones, más de un motivo y de una imagen, toda la macabra «Venganza postuma» y los acentos en que se mezclan sádicamente pensamientos de voluptuosidad y pensamientos de muerte, las «Armonías del anochecer» y los cuadros de la vida ciudadana en la desolación de los vicios y de las miserias, al paso que no carecen de desarrollos declamatorios, que nos recuerdan más bien a De Musset, o de la fácil ironía que quisiera recordar a Heine.
Pero este satanismo, que levantó un verdadero escándalo en su tiempo, es algo añadido, extraño al alma de Praga, quien no lo vivió profundamente y a menudo lo confunde con un trivial anticlericalismo. Franca y sencilla era, en efecto, su vena poética; y si resultan sosas y convencionales las poesías sobre sus «orgías» o sus «amores», la poesía brota de su corazón en cuanto se dirige hacia el pasado, a sus buenos y queridos recuerdos, que son el más auténtico motivo de sus versos. Dicho proceso es evidente en «Profanaciones», donde el poeta imagina que el pasado va a su encuentro y le habla mientras él se está divirtiendo con unas bellas y fáciles muchachas. Esto, sin embargo, está implícito en las demás composiciones, en las que el poeta satánico se revela como poeta nostálgico de la vida familiar.
También se reconcilia con la religión de su infancia, en cuanto vuelve a colocar sus imágenes entre aquellos recuerdos, y le gusta volver al Padre Eterno con sus ojos de entonces y volver a soñar con los Reyes Magos como cuando escuchaba las palabras de su madre. En los versos del «Cancionero del niño» culmina la poesía de Praga; en vano trata de competir con sus compañeros de arte encerrando en el verso las ironías y contradicciones de la vida: poeta verdadero, quizás como ninguno de ellos, no estaba hecho para temas abstrusos y difíciles rimas, y para decir las cosas sencillas, las que efectivamente le interesaban, le bastaban las más sencillas palabras.
M. Fubini

