Conjunto de ensayos del escritor español Azorín (pseudónimo de José Martínez Ruiz, 1873-1967). Los temas e interpretaciones de esta colección se refieren a toda España: su carácter vario, su múltiple temperamento, sus pasiones — contempladas y expresadas después de la depuración a que las somete el filtro de sensibilidad que es el escritor —, su historia, sus criaturas, su tiempo.
Especialmente éste, el tiempo, es el verdadero personaje azoriniano a través del cual se interpreta siempre a España. No en vano uno de los últimos ensayos del libro se titula «Se ha dormido el Tiempo». La obra, titulada Pensando en España y escrita desde lejos, en París y en 1939, contiene capítulos hermosísimos — cada uno de ellos una obra de arte—: «La vida de las palabras», «Sancho encantado», «Drama sin drama», «El secreto de Cervantes», «La pitonisa de Coca», «El mundo estaría mejor», «No juguéis con el misterio», «Al salir del olivar», «El príncipe Segismundo», «La vida es sueño», «El tiempo perdido», «El otro Colón», «El tiempo pasado», «Su mejor amigo», «Cervantes nació en Esquivias», «El pretérito perfecto», «El poeta en la ventana», «Paloma del campo», «Aventuras de Miguel de Cervantes», «El humo del alfar», «Palomar antes y ahora».
Todo en Azorín va surgiendo de este procedimiento minucioso, de este recrearse en los mínimos detalles, en las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Y esto no minimiza la vida, sino que permite observarla y estudiarla como a través del microscopio. Y él se complace en los detalles, en los colores y matices. La retina del escritor es extraordinariamente sensible. Éste es el procedimiento estilístico, pero su tendencia plástica le lleva a la construcción de cuadros con los que ejemplifica su tesis. Azorín ambienta, sabe sacar partido de la escena secundaria de una obra literaria, de un gesto de cualquiera de los personajes, de un detalle del Quijote que a nosotros, al leerlo, nos ha pasado completamente inadvertido.
Azorín acaba de perfeccionar esta situación y extrae todo el contenido psicológico y simbólico que pueda tener encerrado. Y muchas veces llega a más: lo actualiza. Éste es uno de sus procedimientos preferidos: sitúa una acción de una obra clásica en nuestros días o bien hace vivir a su autor entre nosotros. Es una forma de hacer ver la actualidad y la perennidad de la tradición y de los valores espirituales de España. Por esto todo el libro es una interpretación del país. Una de las primeras glosas se titula «Sancho encantado»: simula que seis años después de la muerte de Don Quijote, Sancho Panza y Tomás Cecial van a visitar al duque. Éste pregunta a Sancho cómo le va el gobierno de la ínsula Baratería — como si durante todo este tiempo en lugar de permanecer en su tierra hubiera continuado en el gobierno de la ínsula — y en la mesa le presentan los documentos del gobierno para que los firme. Sancho, desorientado y «encantado», se pregunta después acerca del Destino.
En «El príncipe Segismundo» nos cuenta Azorín el estreno de La vida es sueño por Rafael Calvo y el nerviosismo de don Pedro Calderón la noche del estreno. Azorín habla con el autor y da testimonio del éxito de la obra. En «Aventuras de Miguel de Cervantes» imagina el encuentro y el diálogo entre dos Cervantes: el inmortal, que ha perdido el brazo en Lepanto y ha estado cautivo en Argel, y el Cervantes humilde, en cuya vida nada ha transcurrido. Contiene glosas sobre obras de Cervantes («El licenciado Vidriera», sobre el que ya el autor nos había dado un libro con el mismo título y que ahora se titula Tomás Rueda, v.), sobre Lope, etc. La obra se cierra con una visita al taller que en Montmartre tiene Zuloaga, el pintor intérprete de España.

