Pensamiento y Realidad, Africano Spir

[Denken und Wirklichkeit]. Obra de Africano Spir (1837-1890), ruso de nacimiento, pero que vivió largo tiempo en alemania, Suiza y Francia, publicada en Leipzig en 1873.

El pensamiento filosófico de Spir parte de la afirmación de la existencia de un doble mundo de representaciones: el mundo de los objetos externos y el mundo de la conciencia. En éste*, además del contenido representativo, y en forma absolutamente independiente de él, existe un elemento de la realidad metafísica, presente a priori en el espíritu: el principio de identidad, con el que el mundo de las representaciones está en completo contraste, aunque dé la impresión de plasmarse sobre él. Los objetos de nuestras representaciones son únicamen­te nuestras mismas sensaciones, aunque aparentemente se presenten como un mundo de sustancias; dicha transformación del mundo de las sensaciones en un mundo de sustancias se produce por obra de dos for­mas fuera del espíritu: la forma del espacio y la causalidad, posición profundamente idealista, aunque Spir haga una concesión al realismo separando el mundo de las sensaciones del de su representación.

Así, pues, en la conciencia, junto al yo empírico constituido por el cuerpo que forma parte de la experiencia objetiva y al yo empírico en sentido restringido, es decir, las sensacio­nes, las representaciones, los sentimientos y las voliciones, existe un principio, el prin­cipio de identidad, que no se extrae de la experiencia empírica, sino que es, por el contrario, la norma hacia la cual tiende, como a un modelo y a una fuente de valo­res, la realidad empírica. Es una norma a priori porque no está contenida en ninguna experiencia y porque su contrario es imposible de pensar. Según este principio, todo objeto (y aquello que es, es decir, lo idéntico a sí mismo) no puede contener multiplicidad: es la misma verdad expre­sada negativamente por el principio de con­tradicción.

Este principio no tiene solamente un valor cognoscitivo, sino ontológico, por­que, en cuanto es «a priori», es la revela­ción formal de la realidad incondicionada, que no podemos conocer de otro modo. Por eso lo idéntico y lo incondicionado se iden­tifican y constituyen la realidad metafísica, de la que no podemos tener conciencia. La naturaleza empírica es a dicha realidad me­tafísica como «una representación falsa», y no deriva, pues, de ella: es filosóficamente inexplicable. Pero se resuelve prácticamente en la vida moral: el dolor, que nace de la incompatibilidad de dichos dos mundos, da al hombre la sensación de su anormali­dad y le revela la realidad normativa, hacia la cual debe elevarse. Esta elevación se pro­duce, pues, a través de la religiosidad, que es un hecho de sentimiento, constituido como primer paso por la moralidad y como segundo por la religión propiamente dicha, a través de la cual el hombre tiende a la realidad normativa.

M. Corti