[Erzahlungen]. Recogidas en cinco volúmenes en la edición de las Obras completas de 1893, estas novelas de la escritora austríaca Marie von Ebner-Eschenbach (1830-1916) fueron escritas y publicadas en el espacio de unos cuarenta años. Son la expresión de su arte, porque, tras las primeras y vacilantes tentativas, se dedicó exclusivamente a la novela realista (de ambiente austríaco), siguiendo la gran tradición del siglo XIX, que va desde Keller y Storm a Raabe.
Reviven en estas novelas los lugares y los personajes que acompañaron su infancia y su primera juventud, transcurrida en el hereditario castillo de Moravia (v. Historias del castillo y de la aldea), el cual se sobrepone al ambiente de Viena, brillante capital de la anteguerra, donde la escritora habitó después de su matrimonio; tenemos en primer término a los nobles provincianos, a los campesinos y a los criados; en el segundo, el mundo aristocrático de las cacerías a caballo, de los bailes, de los tés, donde se habla inglés, y circulan los nobles y los oficiales de la guardia.
Pero en este ambiente, aparentemente tan alegre, algunas narraciones son verdaderas tragedias ocultas: «Irreconciliable» es una larga historia de adulterio disimulado y de remordimiento desgarrador; «Después de la muerte», nos presenta la incomprensión de un marido, que no ha tratado nunca de penetrar en el alma de su joven esposa, y hasta la muerte de ella no se da cuenta de su apasionada devoción, de su sed de ternura, que él no sació jamás.
El humorismo bonachón de la escritora aparece en «Hermanos Gemperlein»: en la noble familia de Gemperlein se han dado siempre generaciones de liberales progresistas y generaciones de feroces conservadores; la casualidad, quiso una vez que en la propia generación, en dos hermanos, se encarnasen las dos tendencias opuestas de la familia, y de aquí un continuo sucederse de discusiones, de litigios, de escaramuzas que toman las formas más divertidas. También en el «Manguito» la desconsiderada generosidad de una vieja dama hace incurrir tanto a la bienhechora como a la beneficiada en una serie de tragicocómicas desdichas.
También la escritora ha dirigido una mirada al mundo de la pequeña burguesía; por ejemplo, «El escolar modelo» nos revela una de las más patéticas tragedias de esta burguesía, la del hijo que hastiado del ambiente familiar querría elevarse por encima, pero sucumbe, porque el empeño es superior a sus fuerzas. A su mundo brillante e irónico torna con las narraciones de Dos condesas (v.) que, en el ambiente del mundo aristocrático, recogen un tesoro de observaciones y de psicología femenina.
Uno de los últimos relatos de la autora es «Desaparecido»: un pintor célebre, en cierto momento se aleja de su ciudad, del público que lo admira, de los discípulos que le veneran, porque está convencido de haber dado ya a su arte cuanto podía dar y corre peligro de dejarse caer en las facilidades del oficio. El más genial de sus alumnos lo encuentra algunos años después en el más perdido rincón de los Alpes (de modo impresionante se describen los paisajes de la alta montaña), y oye su confesión, dejándolo después así lo quiere el viejo pintor — en su soledad.
B. Allason

