María Magdalena, Friedrich Hebbel

[Maria Magdale­na]. Tragedia burguesa en tres actos, de Friedrich Hebbel (1813-1863), terminada en París en 1843. Ha dado un poderoso impul­so al drama burgués alemán. Siguiendo las palabras del propio Hebbel: «la esencia de la tragedia no brota con el choque del mundo burgués y el aristocrático, sino sim­plemente del mundo burgués mismo, de ese tenaz apego a las tradiciones patriar­cales, de su incapacidad para salir del ato­lladero en las situaciones difíciles». El tí­tulo es simbólico. Clara, una muchacha de familia pobre, vive en un ambiente en el que perdura un concepto burgués, severo y rígido, del honor y el deber. El alma de este ambiente es el carpintero maese An­tonio, padre de Clara, hombre endurecido por las dificultades de la existencia. La muchacha ama a un joven, Federico, el cual, sin embargo, alejado de la pequeña ciudad para realizar sus estudios, no ha vuelto a escribirle.

Creyéndose olvidada, Clara cede a las insistencias de la madre y entra en relaciones con el escribano Leo­nardo. Cuando vuelve Federico para ocu­par el cargo de secretario municipal, Leonardo, cayendo en la cuenta de que Clara sigue amando al otro, la seduce para atar­la más estrechamente a él. La muchacha, habituada a frenar siempre los impulsos de su corazón para seguir la llamada del de­ber, ha cedido a la voluntad de su pro­metido contra su propio sentir, pensando en que tal fuese su deber. Éste es el ante­cedente. Pero Leonardo, espíritu mezquino y calculador, cuando se entera por Anto­nio de que los mil táleros con que con­taba no serán dados como dote a Clara, siente enfriar sus entusiasmos matrimonia­les. Entretanto, han .sido robadas las joyas a un negociante con quien trabaja Carlos, hermano de Clara; Carlos es acusado como autor del robo y arrestado. Al recibir esta noticia, la madre cae muerta, Leonardo rompe su compromiso y el padre, deses­perado por la vergüenza, hace jurar a Clara que por lo menos ella no caerá nunca en el deshonor. La tragedia se pre­cipita ahora. Ni siquiera la noticia de que Carlos es inocente puede levantar el de­primido espíritu de Clara.

Federico va en su busca y le propone finalmente el casa­miento; en un diálogo que de un tono de dulzura desemboca en una violenta fuerza dramática, Clara, tras haberle declarado que lo ama, le confiesa que un día se entregó a Leonardo. Federico no vacilaría en con­formarse si se pudiese «quitar del mundo a ese perro que lo sabe»; y Clara, tras una última y vana tentativa cerca de Leonardo, que ahora trabaja dignamente como cajero y se ha comprometido con la sobrina del alcalde, vuelve a casa y se arroja al pozo. Federico reta a duelo a Leonardo y vuelve herido de muerte; maese Antonio, incon­movible, le hace saber que encuentra justo el sacrificio de Clara. Todos, en este dra­ma, son víctimas de la tradición y de la rigidez de las ideas morales dominantes en aquel estado de cosas. El verdadero prota­gonista es el ambiente, la sociedad bur­guesa, cuya moral se demuestra inhumana; por fin se destroza y todos los personajes terminan con su aniquilamiento. El drama está construido magistralmente, en un es­tilo desnudo, duro y esencial, alcanzando efectos verdaderamente trágicos.

M. Dona