Novela folletinesca del español Wenceslao Ayguals de Izco (1801-1873). Traducida al francés, al portugués y al italiano, tiene su continuación en La marquesa de Bellaflor (1846-47). El argumento carece de verdadera consistencia: María, joven y bella hija del pueblo, ve perseguida su virtud por un fraile que representa ante el lector todos los vicios y egoísmos que el autor suponía en los frailes, defensores de la causa del pretendiente al trono, don Carlos, y enemigos furibundos de los constitucionalistas y republicanos. Además de Fr. Patricio, atenían a la virtud de María (empalagosa criatura sin sentido) unos aristócratas madrileños, dando motivo para que Wenceslao Ayguals perore también contra la aristocracia que se aparta de sus deberes morales y humanos. Después de una serie tremenda de desgracias que afligen a la bella e infeliz María y a sus padres, don Luis de Mendoza, marqués de Bellaflor y primero de los aristócratas sitiadores de la virtud de la joven, se casa con ella. En la novela abundan datos políticos, económicos, estadísticos, e incluso relaciones pormenorizadas del contenido de los grandes palacios y edificios públicos y reales de Madrid. La pasión política del autor llega al sectarismo más chocante y su estilo, que no podemos llamar literario, es francamente absurdo. Por lo demás, sus buenos deseos de levantar al pueblo en la consideración moral son compartidos con gusto por el lector.
C. Conde

