Maha Guru, Historia de un Dios, Karl Gutzkow

[Maha Guru, die Geschichte eines Gottes]. Novela del escritor alemán Karl Gutzkow (1811- 1878), publicada en 1833. En Paro, en el Tibet, existe una fábrica célebre en toda la región, pues los ídolos que fabrica, bajo la dirección de Hali Jong, están absoluta­mente de acuerdo con los cánones dictados por los sacerdotes. Hali no solamente es un perfecto fundidor, sino también un artista: así, descubre que, variando levemente la longitud del labio superior, el efecto pro­ducido por las imágenes es completamente distinto. Se hacen mucho más humanas. Es­ta variación, sin embargo, es un crimen; según la religión tibetana, la nariz de las divinidades es un testimonio de su omnipotencia. Hali Jong tiene que presentarse ante el colegio de los sacerdotes que con­dena las estatuas a la hoguera y el artista a la cárcel. Entre tanto, ha muerto en Lassa el Gran Lama, y, como sucesor suyo, es elegido un muchacho, Maha Guru, enamo­rado de Gylluspa, hija de Hali Jong.

Sin embargo, su nueva dignidad le hace olvidar a la amada y a su infeliz padre, que es condenado: Maha Guru vive en su palacio sagrado como una imperturbable divinidad. Un complot organizado por unos chinos hace estallar la revolución y el Lama huye, gracias a la ayuda de un hermano, al desierto, donde se encuentra nuevamente con Gylluspa, y conviven con ella los dos, se­gún la costumbre tibetana .de la poliandria La mujer influencia benéficamente a Maha Guru y le enseña a olvidar «por la verda­dera humanidad a la divinidad antigua y falsa», y cuando ella muere, él se retira a una montaña, donde lleva hasta el fin de sus días una vida de asceta. En la in­tención de su autor esta obra tenía que ser una exposición completa y objetiva de la vida y de las costumbres tibetanas, en la que se incluye, por otro lado, un motivo polémico anticristiano, fruto del inquieto escepticismo al que había llegado Gutzkow, de vuelta del idealismo hegeliano.

Pero aun cayendo a menudo en lo convencional, la novela presenta en Hali Jong un problema interesante, el del derecho del artista a ponerse en calidad de reformador religio­so, frente a la tradición: reforma que en este caso concreto consiste en una huma­nización de lo divino. Muy cerca de este héroe tibetano estará el protagonista de la más conocida tragedia de Gutzkow: Uriel Acosta (v.), con la diferencia que allí se proclamarán los derechos de la filosofía en vez del arte y por medio de un judío en lugar de un asiático.

F. Federici