[La gran lucha de los Bhārata]. El libro que lleva este título, al cual parece aludir por primera vez un pasaje del retor Dion Crisostomo, que vivió en el siglo X, es la obra más voluminosa de toda la India y aun del mundo entero. En la forma en que ha llegado hasta nosotros (más de 100.000 estrofas, divididas en 18 partes, a las que se ha añadido después una decimonovena parte que hace ascender este colosal conjunto épico a unas 120.000 estrofas), a través de refundiciones y ampliaciones sucesivas que arrancan desde el final de la edad védica, según una tradición epigráfica, hasta el siglo VI de la era cristiana, es obra no de un autor ni siquiera de una generación, sino probablemente de varios siglos, de los cuales compendia el saber sacro y profano, las leyes y las costumbres, motivos que han hecho de una narración histórica una secuela de textos múltiples y variados en extensión e índole, una verdadera enciclopedia, una especie de «corpus» épico. En su forma original, el relato giraba alrededor de las aventuras de la antigua estirpe real de los Bharāta, descendientes del rey Bharāta, hijo del rey Dusyanta y de la ninfa Śakuntalā, inmortalizada en el drama de Kālidasā. El poema narraba la lucha entre las dos ramas rivales de esta estirpe, los descendientes de los hermanos Kuru y Pāndu, o sea, los Kuruidas y los Panduidas.
Después de la muerte de Pāndu, que reinaba en Hastinapura, junto al Ganges, el trono, que ya antes había sido cedido por causa de su ceguera a su hermano menor Dhŗţarāştra, pasó a éste, que tenía cien hijos, el mayor de los cuales, presunto heredero, se llamaba Duryodhana, y una hija. Los cinco Panduidas, los protagonistas, se llamaban Yudhişţira, sabio y prudente; Arjuna, noble guerrero; Bhima, de fuerza hercúlea, violento y voraz (por lo cual se le apodaba Vientre de Lobo), y los dos gemelos Nakula y Sahadeva, valerosos y leales. De regreso a Has- tinápura después de la muerte de su padre, crecieron y se educaron con sus cien primos, que no tardaron en tenerles envidia e intentaron por varios medios, pero siempre en vano, quitarlos de en medio. Un día llegó a sus oídos la noticia de un torneo, al que Drupada, rey de Pañcāla, había convocado a los príncipes de los alrededores para elegir entre ellos al esposo de su hija Draupadī. Los Panduidas asisten al torneo, en el que sólo Arjuna logró tender el arco del rey y vencer en la competición. Cuando su madre les vio de vuelta y supo que habían ganado un gran premio, les dijo, ignorando lo acontecido: «¡Y bien, partidlo entre vosotros!» Y así, por obediencia a la ‘ inviolable palabra materna, Draupadī fue la mujer común de los cinco hermanos. Este rasgo de poliandria, el único del poema y contrario a todas las leyes y tradiciones de la India, se explica por el hecho de que Pāndu era oriundo del Tibet, región donde la poliandria sigue todavía en vigor. (Para otro pueblo indoeuropeo, los celtas, tenemos el testimonio de César: «uxores habent deni duodeni que ínter se communes», De bello Gallico, V, 14).
Pero el poema mismo da de ello otra explicación: los cinco hermanos eran porciones o emanaciones (y, por tanto, encarnaciones) de cinco divinidades, y su paternidad se atribuía respectivamente a Dharma, dios de la justicia; Indra, dios de la. atmósfera y señor del rayo; Vâyu, dios del viento, y los dos gemelos Asvin (los Dioscuros de la India). El reino fue entonces dividido entre las dos estirpes, con capital en Indraprastha (hoy Delhi). Pero la envidia y la maldad de los Kuruidas no se aplacaron, y empujaron a su tío sakuni, hombre falso y dado al juego, a desafiar a Yudhişţira al juego de dados, donde el rey perdió toda su riqueza e incluso la libertad de sus hermanos y esposa Draupadī. Por la generosidad de su tío Dhŗţarāştra fueron perdonados y repuestos en el trono, pero arrastrados por la pasión de los dados jugaron de nuevo, y por las malas artes de Śakuni fueron derrotados otra vez, viéndose obligados a empeñar cuanto poseían y durante doce años andar vagando desterrados por las selvas, y vivir de incógnito el año siguiente. Durante este largo período les sucedieron muchas aventuras, cuyo relato llena el tercer libro del poema, uno de los más largos y ricos en episodios, alguno muy bello y famoso, como la historia de Nala y Damayantī, de Rāma y Sītā (argumento del otro gran poema nacional, el Rāmāyana, v.), la descripción de la procedencia del Ganges, que primero fue un río celeste (la Vía Láctea) y luego terrestre (leyenda de los Sagaridas), el episodio de Cyavana y otros muchos narrados por el santo Mārkandeya (el diluvio universal, el nacimiento del dios de la guerra, Skanda; la conmovedora leyenda de los Sāvitrī, o sea, la Alcestes india, etc.).
Los hermanos pasan el decimotercer año disfrazados en la corte del rey VIráta, cuya hija Subhadrā es dada en matrimonio a Abhimanyu, hijo de Arjuna. Entonces los Panduidas piden, conforme al pacto, que se les restituya el reino, pero los Kuruidas se niegan. De ahí nace una guerra, que, con diversas alternativas, dura dieciocho años, y es narrada con profusión de detalles e insoportables repeticiones en cinco larguísimos libros: en todas estas batallas y duelos entre los jefes, casi todos los combatientes van perdiendo la vida; sólo quedan tres Kuruidas, que en un ataque nocturno sorprenden a los Panduidas supervivientes, excepto a los cinco hermanos que casualmente están ausentes del campamento. Después, las viudas lloran por los caídos y Bhīşma, en su lecho de muerte, formado por las innumerables flechas en las que había permanecido clavado 58 días, pronuncia un larguísimo discurso que equivale a una difusa exposición y tratado de la moral pública y privada de la India antigua, que ocupa casi una cuarta parte del poema (exactamente 19.494 estrofas), transformándolo así en una enciclopedia filosoficojurídica.
Pero aunque el elemento didáctico sea abrumador, no se pueden negar que en aquellos millares y millares de máximas, que ocupan libros y cantos enteros, hay muchas, que brillan o por la profundidad de su contenido o por la felicidad de su expresión; y ninguna obra occidental puede darnos una idea, ni siquiera aproximada, de lo que es el Bhagavadgītā (v.), o «Canto divino», largo poema filosófico inserto en el libro VI, que ha pasado a ser una especie de Biblia de la India, y que merece ese nombre por la terrible grandiosidad que alcanza la exposición de la doctrina pan- teísta, en la estática y pavorosa contemplación de la precipitación de las cosas en las abiertas fauces del inmenso Todo. Para tener una idea de cuanto difieren el concepto de divinidad y el modo de representarla, entre los antiguos indios y los teólogos medievales cristianos, léanse y medítense por un lado los cantos diez y once del Bhagavadgītā y por otro el último canto del Paraíso dantesco. [Trad. española del Bhagarad-Gita (El Canto del Señor) por José Roviralta Borrell (Barcelona, 1896) .y traducción directa del sánscrito por José Alemany y Bolufer (Madrid, 1896). Existe otra versión del mismo episodio por M. López Villamil y Ricardo Vivié (Buenos Aires, 1924)].
P. E. Pavolini

