[ntercoenalium libri decem}. Las In-tercenales, como disputas o intermedios de meditación en un ambiente cordial, corresponden a la madurez de León Battista Alberti (1404-1472), que en su mayor y mejor parte, las compuso hacia el 1443. Estos diez libros, como otras obras de Alberti, se consideraron perdidos hasta que, en el siglo XIX, fueron hallados parcialmente por Jacopo Morelli en un manuscrito de Oxford. En la elegante prosa latina de las Intercenales, Alberti, siguiendo la dirección constante de su espíritu, afronta los problemas eternos de la vida, tratando de darnos, hasta donde puede, una solución a la luz de su rigurosa moral, y por así decirlo, filosofía práctica, que desprecia igualmente la ceguera de los que son esclavos únicamente de los bienes terrenos, y la vanidad de los filósofos o pseudo filósofos, que se pierden, según él, en los áridos alambicamientos de abstractas especulaciones.
Estos conceptos expresa particularmente Alberti, en forma de diálogo, y, a veces, en forma simbólica que son sus predilectas, en la íntercenal «Fatum et Fortuna», en el que, imaginando el sueño de un filósofo que se adormece sobre un antiguo tratado del Hado, afirma la humana necesidad interior de elevarse desde las cosas terrenas hasta las divinas, persiguiendo la verdad en la vida teorética, y una «viril» sencillez en las contingencias prácticas. No siempre saca sus conclusiones Alberti siguiendo la inteligencia del sentido común, ni tampoco por una pacífica aceptación. En algunos diálogos, un pesimismo que con la madurez de su obra se irá atenuando, y un sarcasmo lucianesco, le inclinan a una desagradable visión de la vida, que sin embargo siempre se desquita con el ardor del estudio y con la indomable pasión de la gloria.
Así en el «Defunctus», en el que imagina la vuelta de un joven después de su muerte a la casa conyugal, donde descubre la traición de su mujer, el odio de sus hijos, la infidelidad de los siervos, parece llevar al límite su desdeñoso desprecio por el mundo. Así otros diálogos, como «Felicitas», «Pupillus», «Anuli», «Patientia», parecen casi preludiar la amargura de los Opúsculos morales (v.) de Leopardi. Los motivos de meditación, como ya lo indican los títulos, son de lo más variado; desde la conmiseración por el estado social del hombre («Paupertas», «Numus») y de sus facultades morales («Virtus», «Parsimonia») y espirituales («Religio»), hasta temas aparentemente lejanos («Navis») pero en los cuales el foco del interés está siempre en la investigación del alma humana.
A. Pica

