Piotr Verjovenski, jefe de una organización nihilista, vincula indisolublemente a sus seguidores a la causa revolucionaria con una serie de crímenes. Piotr está ideológicamente guiado por Nikolai Stavroguin, personaje inteligente, misterioso, demoníaco, desprovisto de cualquier norma moral, rodeado de una devoción casi mística e inspirador de ideas en las cuales es el primero en no creer; su vida está llena de enfermizas absurdidades: el matrimonio no consumado con una pobre lisiada casi demente o el estupro de una niña que luego se suicida. Piotr prepara un nuevo delito: la víctima es Shátov, en un principio seguidor
de Stavroguin y posteriormente convertido de forma repentina a la fe ortodoxa. Con el fin de encubrir el crimen, Piotr obliga al revolucionario ateo Kirilov, que está decidido a un suicidio gratuito y demostrativo, a escribir, antes de llevar a cabo la acción definitiva, una carta en la que se acuse del homicidio de Shátov.
Se suceden nuevos crímenes (capaces de aterrorizar a una burguesía liberal dispuesta primero a aceptar por ligereza y esnobismo y luego a ignorar con horror a los «demonios») cuya culminación será el suicidio de Stavroguin, que se ahorca en el desván de su casa.

