De Ciro Bayo Seguróla (1860-1939), figura menor pero interesante del 98, escritor sobre temas americanos históricos, e imitador de la novela picaresca en El peregrino entretenido (1910) y Lazarillo español (1911).
A esta novela la precede una Declaración del Autor en la cual dice al lector que va a entretenerle con la relación de su primera salida de Madrid a pie y, como se dice, sin dinero. «Pienso que ella vale la pena de que yo te la cuente y de que tú la leas, pues aprenderás conmigo muchas cosas de la España vieja y de la España nueva». «El hombre que no es observador — dice un refrán ruso — es como aquel que cruza el bosque y no encuentra leña para calentarse, o, como se dice en castellano, «mira al mar y no ve el agua». En el libro primero, «Prolegómenos del viaje», se habla de una casa de vecindad. En el libro segundo, «Por esos trigos», de la primera jornada; en el libro tercero, «En tierra manchega», de la ruta de Don Quijote; el libro cuarto se titula «Mi entrada en Andalucía»; el libro quinto, «Mi Semana Santa en Sevilla»; el libro sexto, «Por tierras de Málaga». En el séptimo y octavo se refiere a Granada y Almería. El libro noveno se ofrece a Murcia» y el décimo al País de las Palmeras. En el libro onceno se habla de Valencia «El jardín de España», y el duodécimo, «De Tarraco a Barcino», está dedicado a Cataluña.
Un buen viaje por Levante, amenamente contado, sin insistencias, que sigue la ya clásica línea de los Lazarillos españoles, Cuyo último representante es Camilo José Cela.
C. Conde

