Son unos ochenta poemas anónimos, a los que se añaden tres atribuidos a Virgilio y dos a Tibulo. En general son himnos breves, epigramas, dichos salaces, en honor del dios Príapo, un espantapájaros en actitud obscena, imprescindible en los hueros de griegos y romanos.
Las Priapeas pertenecen a un género literario de origen rústico y folklórico, primitivamente empleado por los helenistas alejandrinizantes, pero que luego se aclimató entre los latinos, que dieron al rústico dios, representado en actitud obscena, aun siendo extranjero, carta de naturaleza y culto itálico. El tema, que aparece ya en las Sátiras y Epístolas (v.) de Horacio, fue muy tratado por la sociedad poética de Augusto, que, aun cultivando el género serio, se entretenía de tarde en tarde con estos breves poemas, que por su salaz procacidad parecían, o querían parecer, populares y nacidos entre campesinos. A ellos se debe principalmente que en su casi totalidad quedaran anónimos, aunque alguna vez se advierta el estilo (original o imitado) de un Virgilio (v. Apéndice virgiliano), un Tibulo, un Ovidio. El asunto es muy monótono.
El protagonista es el ridículo dios, en actitud fálica, desnudo o poco vestido, con una hoz en las manos para espantar a los ladrones y una caña levantada sobre la cabeza para asustar a los pájaros. Poesía pseudopopular, Las Priapeas demostraron muy pronto, por el exceso de erudición, mitología y reminiscencias literarias, el equívoco de una sociedad aristocrática que fingía ser aldeana.
F. Della Corte

