Colección de sonetos de Niccoló Franco (1515-1570), publicada en 1541; es conocida en los anales de los aventureros literarios sobre todo por su violenta sátira contra Aretino.
Por odio a los poetas amanerados y a los petrarquistas, Franco escribió estos sonetos (cerca de 200), en los que Príapo, dios de los huertos y símbolo de la fecundidad masculina, se expresa briosa y toscamente sobre varios asuntos de su época, entre los que inevitablemente se hallan las increíbles rufianerías del «azote de los príncipes». Franco se burla de todo sin medida y con una vena de dudosa comicidad; algunas de sus alusiones a los torpes amores de su rival o a sus debilidades físicas llegan a una grosería tan plebeya que se puede considerar típica aun dentro del propio Rehacimiento.
Todo cuanto de Berni y de Burchiello pasa a Franco, pierde en gracia y en espontaneidad, para revestirse de formas abierta y groseramente obscenas. Como un bufón de alto rango que trata de desenmascarar a su colega más afortunado, dirige sátiras incluso al Papa; se burla de la religiosidad de Vittoria Colonna; termina arremetiendo una vez más contra el Aretino y declarando su esperanza de poder publicar pronto las Rimas a la muerte del infame aunque inteligente rival. La mezcla de obscenidad y alegría que caracteriza la figura y la vida del Aretino adquiere el sentimiento de una continua tragedia de palabras, en la que al vicio de decir necedades se une el gusto perverso de la coprolalía. Si las alusiones históricas, por ejemplo a Paulo III y a Carlos V, dan variedad a la obra, los sonetos más agresivos y las prosas que acompañan la colección saben a denuncia baja y desordenada. Obra singular, a la que su misma, desenfrenada licencia confiere un curioso interés documental.
C. Cordié

