La Teología Platónica, Marsilio Ficino

[Theologia platónica]. Obra filosófica, en dieciocho libros, compuesta en latín por Marsilio Ficino (1433-1499) como resultado de su pensa­miento y de sus meditaciones sobre la reli­gión natural.

Dedicado, básicamente, a los más arduos problemas religiosos — «sobre la inmortalidad del alma» [«de animarum immortalitate»], como reza el subtítulo — este tratado aparece al lector moderno, com­puesto de dos partes, distintas en su con­textura y en su meditación. En la primera, la dialéctica de los seres es colocada en una escala jerárquica que de abstracción en abs­tracción va de la materia a Dios, meta a la cual aspira toda la naturaleza, y luego se expone la distinción de los grados de las almas racionales; en la segunda y más ex­tensa se estudian los principios de la acti­vidad humana en su tendencia hacia la per­fección y pureza, en el progresivo desarrollo de la personalidad del hombre en un acto creador que sólo puede ser divino. En la distinción de una escala de seres se mani­fiesta el influjo de las doctrinas neoplatónicas y en especial del emanatismo de Flotino: así se pasa de lo indistinto a lo dis­tinto, de la materia al espíritu, del hombre a Dios.

Se postula la naturaleza de los ángeles como intermedio entre la natura­leza humana y la perfección divina. También según el mismo Platón y el desarrollo de los comentaristas posteriores, se admite el alma del mundo, las doce almas de los elementos y de las esferas, además de las almas de los seres en ellos encerradas (recuérdense las distinciones del mismo Aristó­teles y de la escolástica con relación a las plantas y animales). En el pensamiento de Ficino hay una íntima exigencia panteísta que tiende a esclarecer la personalidad hu­mana en una profunda religiosidad, hecha de aspiración hacia lo divino; bellísimas son las páginas sobre el hombre y la naturaleza divina, que se revela en él como inmanente por su anhelo de perfección, por su hambre de verdad.

Esta obra contiene algunas de las más bellas afirmaciones del Humanismo en la exigencia de una libre religión natu­ral que fundiese civilización clásica y cari­dad cristiana en un solo ideal de perfección racional, en un arrebato místico que es sublime claridad interior.

C. Cordié