«Acción en prosa» en cinco actos publicada en Madrid en 1632. Es una de las obras mayores del gran dramaturgo y tiene gran importancia para la biografía del poeta porque están aquí representados sus amores juveniles con Elena Osorio. Dorotea (v.), joven frívola y sensual que no conserva el menor recuerdo de su marido desaparecido en las lejanas colonias, ama al estudiante don Fernando que, a la fascinación de la juventud, une la de la poesía. Pero ella, incapaz de sumirse en un solo sentimiento, se deja vencer por los halagos de la celestina Gerarda (v.) y por la codicia de su madre Teodora y se entrega al rico indiano don Bela.
Fernando no consigue adaptarse a su papel de amante de corazón y, desesperado de tener que recurrir a humillantes estratagemas para ver a su amante, rompe toda relación con ella, y consiguiendo dinero de la rival de Dorotea, Marfisa, a quien hace creer que tiene que huir por un asesinato, abandona Madrid. Dorotea, que ama a Fernando, decide suicidarse tragándose un anillo, pero su tentativa fracasa. Tres meses después Fernando, que no puede olvidar a Dorotea, vuelve a Madrid y a su tormento; y una noche que encuentra a don Bela ante la casa de Dorotea, le hiere en desafío. En el corazón de Dorotea perdura siempre el amor por Fernando, en cuya poesía siente salvada su belleza de criatura destinada a la muerte y, a la primera ocasión, en un encuentro en el Prado donde, sin ser vista, escucha la confesión de los tormentos del joven, se reconcilia con él.
Pero también Fernando está dominado por los impulsos opuestos y, apenas reconquistado sobre la mujer el dominio absoluto, la traiciona con Marfisa. Dorotea sufre de la traición, quema las cartas y los versos de Fernando y piensa encerrarse en un convento. Fernando advierte ya que la rotura es inevitable y se enrola en la Armada Invencible que sale hacia Inglaterra. Don Bela, apenas repuesto de las heridas, es asesinado en una riña nocturna. Dorotea, al enterarse, se desmaya. Gerarda, la alcahueta, para socorrerla, cae desde una escalera a la bodega y muere. La Dorotea es la obra más personal y profunda de Lope, la única que no se resiente de su genial improvisación. Comenzada en su juventud, le acompañó durante toda su vida y sólo fue acabada tres años antes de su muerte. Ciertamente se ha exagerado en cuanto a identificación autobiográfica, cuando el mismo autor había ya defendido con empeño la libertad de su fantasía y el mismo conocimiento de las fuentes (La Celestina, v., y La Eufrosina, v.) traduce precisamente el problema en términos literarios. Pero si no puede afirmarse, como se ha hecho, la estrecha identificación histórica, es indudable la espiritual. Lope ha volcado en La Dorotea su mundo sentimental, moral y literario; y los diversos elementos de su poesía, el amor hacia la forma ornamentada y la rapidez del ímpetu lírico, su pasión literaria y su fiebre de vida, su erotismo y el sentido de la soledad humana, encuentran un equilibrio y una fusión que confieren a los personajes una psicología concreta insólita en Lope y hacen de La Dorotea una verdadera obra maestra.
C. Capasso

