Comedia en tres actos y en verso del dramaturgo madrileño incluida en el primero de los cuatro tomos de su teatro, aprobados por él (1636). Forma parte de los dramas que tienen por argumento leyendas religiosas. Crisanto, hijo de Polemio, gobernador de Roma bajo el emperador Numeriano, cuando intenta penetrar en el misterio de la Trinidad, es combatido violentamente por dos espíritus contrarios: uno pagano y otro cristiano. El padre le aconseja que goce de los privilegios de su noble condición, y le confía a su primo Claudio, que le conduce al bosque del Templo de Diana.
Aquí Nisida, que ha puesto en música los versos de Cintia, canta para Crisanto que se enamora de la maravillosa belleza de Daría, muchacha altanera y cruel, absorta completamente en el mito pagano de su gracia mortal. Ella exige la muerte del que quiere alcanzar su amor. Luego Crisanto ve a Carpóforo, que guía en el desierto a los cristianos perseguidos por Polemio. Mientras revela al joven los misterios de la Trinidad, llegan los guardias de Polemio y detienen a Crisanto, mientras Carpóforo desaparece por un hechizo divino.
Polemio ofrece grandes riquezas y la misma mano de su hijo a la mujer que consiga liberarle de la brujería de los cristianos, de la cual le cree víctima. Se ofrecen las tres muchachas del Templo: Nisida lo intenta con la música del canto, Cintia con la poesía, la música del alma. Pero Dios interviene y quiebra la fascinación de la voz y del talento, mandándolas caer en letargo. Luego aparece Daría y se inicia la lucha entre su belleza mortal y la verdad cristiana, que ya ha conquistado el alma de Crisanto por medio de Carpóforo que, disfrazándose de médico ateniense, se había ofrecido a Polemio para curar a su hijo.
La discordia entre Venus y el Dios invisible se concluye con la conversión de Daría frente al milagro de la cabeza cortada de Carpóforo, cuyo grito: «Alma, busca al que murió / enamorado por ti», representa espiritualmente la cruel exigencia pagana de la mujer que quiere el sacrificio del hombre que se enamora de ella. Los dos jóvenes acaban huyendo, por voluntad divina, uno de la cárcel y la otra del burdel, donde Polemio los había encerrado por castigo. Un león guía a Daría a la cueva de Carpóforo. Polemio los mata a ambos en dicha cueva y los arroja a un abismo. Se siguen unos prodigios de la naturaleza indignada. Luego baja un ángel y manda cubrir la cueva con una roca. De esta manera, por medio de la discordia terrenal y del sacrificio común, la fe se concilia con el verdadero amor, ahora que los dos jóvenes convertidos han llegado a ser «los dos amantes del cielo».
El misticismo de Calderón se expresa en esta obra en una forma airosa y musical en el aspecto sensible de las gracias humanas y terrenales, y con igual dulzura toca las secretas verdades del espíritu invisible. Sin carecer de cierta esquematización alegórica y de un color ideal preconcebido, sin embargo sabe eludir el sagrado horror, lo milagroso y la superstición con la auténtica espiritualidad del hombre moderno. La misma lucha entre paganismo y cristianismo se resuelve por íntima dialéctica en el orden armónico de la poesía, que sabe expresar con igual belleza de ritmo y de imagen las gracias del canto y del ingenio pagano, y el milagro supersensible de la fe en el amor divino. Alguien dijo que Corneille se inspiró en esta comedia para su Teodora (v.).
O. Macri
El hecho de presentar símbolos e ideas, afectos, sentimientos y potencias, en vez de seres humanos. quita a la obra aquel matiz de sinceridad que en las comedias brillará más claramente. (J. M.ª de Cossío)

