Kōshoku Ichidai Onna, Ihara Saikaku

[Vida de una cortesana]. Obra en 24 capítulos, del escritor japonés Ihara Saikaku (1642-1693), publicada en 1686 con ilustraciones del pintor Yoshida Hambei. El libro pertenece a los llamados «ukiyo-zōshi», es decir «narraciones eróticas», iniciadas por este autor y que, por su contenido, rozan en muchos puntos la pornografía; el autor, a pesar de no ser hombre de gran cultura, se hizo muy popular en el Japón, gracias a su exuberante imaginación. El libro em­pieza con estas palabras: «Había una vez una casa en Saga (Kyōto) llamada «kōshoku-an» (casa de la mujer perdida)», cuya dueña era una vieja.

Dos gentilhombres van de visita a aquella casa y la vieja les cuenta su historia. Ella era la hija de un noble de Kyōto, y llegó a ser, a pesar de su juventud, dama de corte en el palacio de un príncipe. Allí, apenas cumplidos los trece años, se enamoró de un joven cortesano, y como en aquel tiempo estaba prohibido el amor entre una dama de corte y un cortesano, los dos enamorados fueron desterrados. Abandonada muy pron­to la jovencita por su amante, se unió a una compañía de artistas ambulantes, con los cuales hizo largos viajes por el país. Un día llegó a una ciudad en la que logró despertar las simpatías de un daimyo y se convirtió en su amante. Pero el hombre estaba casado y pronto, cansado de aquel amor culpable abandonó a su amiga. A los dieciséis años se hizo «gheisa» y entró en una célebre casa de té de Shimawara. Era aún elegante y bella, y durante mucho tiempo consiguió tener gran éxito y des­pertar admiración en todos los clientes. Pero lentamente perdió su esplendor, cayó enferma y empezó así la decadencia. En el curso de sus andanzas de una a otra casa, llegó a Osaka en la más absoluta miseria.

Cierto día, en Kyōto. mientras estaba ab­sorta en sus rezos en un templo budista, al levantar los ojos le pareció que los quinien­tos rakan (santos budistas) tenían el sem­blante de los quinientos amantes que había tenido en su juventud. Ante esta visión la mujer se sintió invadida de una gran amar­gura por su vida pasada y. a los sesenta y cinco años se retiró del mundo para ha­cerse monja. La Vida de una cortesana está considerada como la obra maestra de Saikaku, que revela en ella un sentido de ob­servación nuevo en la narración japonesa, un realismo a menudo brutal pero siempre vivificado por una fuerza insuperable, una fuerza representativa, rica de color. Ad­quiere particular importancia el estilo, con el cual Saikaku, fundiendo el lenguaje an­tiguo con el habla popular de su tiempo, renovó por completo la manera de narrar. Trad. de G. Bonmarchand, Vie d’une amie de volupté, en «Jubiläumbsband der deutschen Gesellschaft für Natur und Völker­kunde Ostasiens» (Tokio, 1933).

S. Nogami