Novela de Walter Scott (1771- 1832), publicada en 1819. Es la primera novela en la que Scott trató un argumento meramente inglés; pero la enemistad entre sajones y normandos, que él supone todavía viva en tiempos de Ricardo I, no encuentra ninguna base en los documentos contemporáneos. El sitio de Torquilstone deriva de Goetz von Berlichingen (v.) de Goethe.
Wilfred de Ivanhoe (v.), ama a la pupila de su padre, lady Rowena, descendiente del rey Alfredo, y es correspondido por ella. Pero Cedric, valeroso defensor de la causa de la restauración en el trono inglés de la estirpe sajona, imagina poder alcanzar su objeto haciendo casar a Rowena con un sajón de sangre real, Athelstane; por esto destierra furioso a su hijo. Ivanhoe se hace cruzado con Ricardo Corazón de León, y gana la gracia del rey. Durante la ausencia de Ricardo, su hermano Juan intenta hacerse con su trono. Como suele ocurrir en las novelas de Scott, el argumento sirve tan sólo para dar lugar a brillantes episodios. Estos son: un gran torneo en Ashby- de-la-Zouche, en el que Ivanhoe, ayudado por Ricardo, que ha regresado de incógnito a Inglaterra, vence a todos los caballeros del partido de Juan, entre ellos al feroz templario Sir Brian de Bois-Guilbert y a Sir Regjnald Front-de-Boeuf; y el sitio del castillo de éste, Torquilstone, donde Cedric y Rowena, con el herido Ivanhoe, Athelstane, el judío Isaac de York y su linda y valiente hija Rebeca, han sido transportados como prisioneros de los nobles normandos.
El castillo, después de una encarnizada batalla, es conquistado por un grupo de bandidos y de sajones guiados por Locksley, es decir, el legendario bandido Robin de los bosques (v.), y por el mismo rey Ricardo. (El castillo es incendiado por la anciana Ulrica, una sajona que fue la amante del asesino de su padre, y que ha tomado su venganza sembrando la discordia entre los normandos). Los prisioneros son liberados, a excepción de Rebeca, que el templario, enamorándose de ella, lleva consigo a Templestowe. Aquí Rebeca evita la seducción, pero es acusada de brujería y liberada por Ivanhoe, su campeón, que se bate con Bois-Guilbert, quien muere víctima de su violenta pasión. Ivanhoe se casa con Rowena; y Rebeca, ahogando su amor por Ivanhoe, abandona Inglaterra con su padre. Algunos personajes secundarios, Robín Hood; el fraile Tuck, jovial y luchador; Wamba, el bufón devoto de Cedric y el judío Isaac, en cuya alma, como en la del shakespeariano Shylock (de donde deriva, v.), luchan la avaricia y el amor hacia su hija.
La novela tuvo un gran éxito en Europa, y junto con Quintín Durward (v.) provocó la moda de la novela histórica, en que la fantasía se sirve de todos los recursos de la investigación erudita. A pesar de que Ivanhoe sea fácilmente criticable desde el punto de vista histórico, su agilidad narrativa justifica su gran popularidad. Además, el mismo Scott, como declara en la carta dedicatoria, solamente quería conservar el matiz general de la época, sin introducir nada que contrastara con un determinado clima histórico, pero reservándose cierta libertad en los detalles. Es, como alguien dijo, un gran baile de máscaras. De la novela se sacaron las óperas de G. Pacini (1796-1867), Ivanhoe; de Bartolomeo Pisani (1811-1893), Rebeca, según libreto de F. M. Piave (1810-1876), y de O. Nicolai (1810- 1849), El Templario (1840). Su influencia se nota en los Novios (v.) (la situación de Lucía, v., vigilada en la torre por una vieja, semeja la de Rebeca prisionera), en Marco Visconti (v.) de Tommaso Grossi, en Nuestra Señora de París (v.) de V. Hugo, etc. Una serie de litografías para ilustrar el Ivanhoe fue dibujada por Francisco Hayez (1791-1882); y Federico Moia (1802-1885) dibujó con vivos colores La ermita de fray Tuck. Una burlesca continuación de Ivanhoe es Rebeca y Rovoena, novela sobre una novela, de Miguel Angel Titmarsh (v.), de William Makepeace Thackeray (1811-1863). [Trad. española en la Nueva colección de novelas de W. S. Traducidas por una Sociedad de Literatos con el título Ivanhoe o El regreso de Palestina (Barcelona, 1831) y de J. Tomás Salvany (Barcelona, 1883). Hay innumerables ediciones modernas.
M. Praz
Shakespeare forja sus caracteres desde el corazón hacia lo exterior; Scott los forja desde la piel hacia lo interior, y no se acerca nunca al corazón. (Carlyle)
Un juicio sobre Scott. puede llegar a ser una piedra de toque de la decadencia. Si perdemos el contacto con este escritor despreocupado y defectuoso será prueba de que nos hemos formado a nuestro alrededor un falso cosmos, un mundo de perfección mendaz y horrible. (Chesterton)
Inventó una manera de hablar para los personajes del pasado que es al mismo tiempo romántica y natural. (J. Buchau)
Los músicos que buscan en los dramas de Shakespeare el libreto de una ópera harían bien en bajar unos cuantos estantes de su biblioteca y contentarse con las novelas de Walter Scott. (E. d’Ors)

