Isabel de Egipto o el Primer Amor del Emperador Carlos V, Ludwig Achim von Amim

[Isabella von Aegypten oder Kaisers Karl der fünfte erste Liebe]. Cuento de Ludwig Achim von Amim (1781-1831), publicado en 1819, que trata del primer amor de Carlos V, aún Gran Duque y muchacho, hacia Isabel, extraña mujer, princesa de gitanos, que ha­bía llegado a la corte con un extraño sé­quito semimágico: Cornelius, antes mandrágora, convertido en enano petulante y beli­coso por las artes mágicas de Isabel, la anciana nodriza Bark, y Piel de Oso, otro personaje salido casi de un cuento de hadas. Isabel siente correr por sus venas san­gre real y, enamorándose de Carlos V, se propone concebir un hijo suyo para reali­zar, gracias a su unión con un poderoso rey, lo que las estrellas le habían presagiado: volver a llevar a sus gentes a sus ancestrales tierras a orillas del Nilo y de nuevo fundar un reino allí. La historia de amor se complica con la intervención de una «Golena», especie de muñeca animada, doble de Isabel, pero por fin los hechizos son conjurados. El joven monarca, en cuanto llega al trono, hace de Isabel su esposa morganática, pero ella, ahora ya madre, huye hacia su destino, llevando en su cora­zón, como una llaga, su único amor. Y con ella todo se desvanece como sueño: los per­sonajes encantados desaparecen. Sin em­bargo, estos hechizos siguen siendo el eter­no tormento del insaciable monarca, que hasta la tumba no encontrará su descanso. El espíritu de la mandrágora le hace codi­ciar el poder, y el desvanecido ideal de su primer amor le empuja hacia metas cada, vez más altas, no pudiendo saciar sus deseos en infinitas aventuras sensuales.

El color histórico se desvanece en lo fantástico, y éste, por otro lado, no tiene suficiente fuer­za para levantar el tono de la narración. A pesar de unas escenas pintorescas y de la riqueza de la fantasía, se siente en con­junto el desequilibrio frecuente en el arte de Amim, a menudo suspendido y vacilante entre la grave erudición histórica y la lige­reza alada del cuento de hadas.

G. F. Ajroldi