Uno de los Ocho entremeses (v.) de Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1616), en prosa. La fregona Cristina es cortejada por un sacristán con dinero y por un soldado arrogante y sin un ochavo. Éste, consumido por los celos, vigila la puerta de la casa de los amos de Cristina y aleja de ella, por las buenas y por las malas, a todos los visitantes de sexo masculino, llegando incluso a pretender impedir el paso al dueño de la casa. Llega el sacristán con un colega suyo y se enciende en honor de la muchacha una terrible pelea. La intervención de la linda joven lo arregla todo y la farsa se concluye con una promesa de matrimonio entre Cristina y el sacristán. De los ocho entremeses, éste es indudablemente el más teatral y el más rico en humorismo. El argumento, detalle éste que casi nunca se encuentra en los otros, se desarrolla fácilmente hasta el final y el tipo del soldado sin dinero, presumido y charlatán se perfila con una felicidad que, debido a la brevedad de la composición, resulta asombrosa.
A. R. Ferrarin

