[Favole]. Reunidas y publicadas diferentes veces en varias ediciones póstumas, estas fábulas de Tommaso Crudeli (1703-1745) dan prueba de la actitud personalísima de un autor ante los acontecimientos de su siglo. Enamorado de la libertad y lleno de odio a todo lo que pareciera impostura y abuso, Tommaso Crudeli aprendió de La Fontaine la observación aguda de los defectos humanos y el gusto por la atrevida sátira de las costumbres. Por su pereza, connaturalizada con su independencia de juicio y de vida, tradujo poco del poeta francés, y de obra suya dejó apenas algún apólogo y alguna fábula, en las que sus amargos juicios están expresados con la desenvuelta ironía característica del siglo XVIII. Entre sus fábulas más conocidas, y que mejor revelan la influencia de la Ilustración y la tendencia moralizante, son dignas de citarse «La Corte del rey León» y «El Gato elegido juez». En la primera, un León, en una especie de tregua de su despotismo, invita a todos a un banquete en su casa; pero la sala huele aún a carnicería por las pasadas matanzas del rey: un oso, asqueado, se tapa la nariz, y el León, ofendido por aquel ademán que es una acusación, lo destroza y luego destroza también al mono que lo exasperaba con sus exageradas aprobaciones.
Interrogada la zorra, se excusa, diciendo que está resfriada y no puede distinguir si en la sala hay buen o mal olor. La moraleja de esta fábula enseña que con los poderosos no debemos ser ni sinceros ni demasiado aduladores; conviene saberse mantener entre la astucia y la hipocresía. En la segunda fábula una comadreja se aprovecha de la ausencia del conejo para ocupar su cubil; cuando el conejo, de regreso, intenta persuadirla a que desaloje y le deje su sitio, la comadreja declara que la tierra pertenece de derecho a quien la ocupa primero, y se resiste hasta cuando el conejo insiste diciendo que aquella casa le había sido transmitida por su padre y por su abuelo; en fin, para terminar la disputa, comadreja y conejo acuden a un gato que ejerce la profesión de juez por su gran experiencia de la vida de sociedad. El gato-juez deja que se acerquen los dos litigantes y, con garra doctoral, los estrangula y dirime para siempre la cuestión. Si bien la moraleja de estas fábulas es abiertamente pesimista y agria, el relato no está nunca sobrecargado por apreciaciones usuales, ni por aspiraciones de renovación social demasiado ingenuas.
C. Cordié
Como poeta, Crudeli triunfa en sus admirables apólogos. (Carducci)

